lunes, 28 de enero de 2013

Desórdenes crecientes económicos y políticos

Publicado en El Observador. Montevideo, 28/12/2012

           Días atrás técnicos del Fondo Monetario Internacional afirmaron, refiriéndose a nuestro país, que si bien la inflación es un problema importante no se puede seguir jugando a bajar el dólar para contenerla. Los técnicos mencionados del FMI reiteraban que era necesario hacer hincapié en los recortes de los gastos del estado y en una moderación de los aumentos de salarios.
            En los últimos dos meses el BCU ha aumentado la tasa de interés con ánimo de conseguir que la gente se pase a pesos, de modo que esa venta de dólares traiga la caída de su cotización. Lo ha conseguido aunque también consiguió que el país perdiera competitividad.
            Aunque el Director de Macroeconomía del Ministerio de Economía y Finanzas lo haya relativizado el pasado 19 de noviembre en las Jornadas de Economía del Banco Central, sus argumentos fueron sesgados. Ese día afirmó que la pérdida de competitividad  de nuestro país respecto de Brasil, es similar a la que sufrida por países como Chile, Perú, Colombia, México y Nueva Zelanda también respecto a Brasil. No es legítimo dar poca importancia a la pérdida de competitividad con nuestro gigante vecino porque un país a 20.000 kilómetros de distancia ofrezca  similares números aunque no situaciones.
            A nadie escapa que es una medida de plazo muy corto apelar a la caída del dólar para bajar la inflación. Está en la misma línea que los “acuerdos” para bajar precios al  consumidor o retrasar aumentos de tarifas o incluso rebajarlas para conseguir el “objetivo”. Todo nos recuerda algunos aspectos de la política económica de Argentina en los últimos años.
            El país ha crecido mucho en los últimos años y el gasto público ha crecido mucho también, con la anomalía de que es muy pobre la inversión en infraestructura tan vital para continuar el proceso de crecimiento. No hemos aprovechado el clima mundial favorable a nuestro país para invertir, por ejemplo, en evitar el “apagón logístico”, ya sea con fondos públicos o dejando participar a los privados.
            Y en los aumentos del gasto público ha jugado un papel importante las presiones de las corporaciones y sus apoyos en el partido de gobierno, que han subido sus apuestas con reclamos y desplantes, que han sido tolerados en los últimos años. Y este es un desorden político. Podríamos llamar desorden económico a bajar el dólar, bajar las tarifas o intentar acordar precios con los supermercados, con la finalidad de llegar al dígito que se entiende clave. Más aun, llama la atención que el objetivo más importante del Poder Ejecutivo haya sido el de contener la inflación.
            El otro aspecto mencionado por los técnicos del FMI es la moderación de los aumentos de salarios. Y aquí sí entramos de lleno en los desórdenes políticos, en los desbalances de poder o, mejor, en la pérdida de autoridad del Poder Ejecutivo ante reclamos, huelgas y piquetes de sindicatos, más o menos duros. Si el Presidente de la República afirma, para contener algunos reclamos, que no todos los sindicatos tienen un dirigente como quien rige los destinos del gremio de la bebida, afirma que la forma natural de negociación es la fuerza, el choque, la confrontación. No hay espacio para la racionalidad, para pensar a mediano plazo, para construir. De la mera violencia no puede surgir la armonía, aunque la ausencia de autoridad es la anarquía.
             Quizá sea el momento de preguntarse si las claras dificultades del Gobierno para manejar los mecanismos indexatorios, que tanto preocupan ahora para el 2013,  no están en buena medida explicadas por la permisión o fomento de las ocupaciones de fábricas de estos últimos años. Esos ataques a la seguridad jurídica de los negocios, unidos al  creciente poder de las corporaciones y los consiguientes desafíos a los poderes institucionalmente establecidos, hacen perder capacidad de negociación a los empresarios. Pero el fututo puede ser entrevisto cualquiera sea la capacidad de predicción: los salarios suben rápido y el dólar bajó significativamente desde el 2003: cae la competitividad.
            Desde 1913 hasta 1974 las exportaciones uruguayas no crecieron en buena medida porque se le daba al “productor” la mitad del valor. Las lanas, carnes y cueros tenían un dólar bajo para financiar otras actividades. Fue necesario el largo estancamiento desde 1956 a 1974, para revertir una lógica absurda. Y fue también a fines de la década del 50 que los frigoríficos Swift y Armour trasladaron sus plantas a Brasil. Con un poco de esfuerzo conseguiremos que la segunda planta de UPM no se concrete.
            Estos sucesos –tarifas, dólar, salarios, piquetes- muestran sobre todo el desequilibrio de un país con fuertes reclamos, clientes políticos y sindicatos especialmente concentrados y dirigidos desde Montevideo, y el país de la agroindustria exportadora.

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