lunes, 28 de enero de 2013

¿Se estanca China?

Publicado en El Telegrafo. Paysandú, 5/2/2012


En el último trimestre de 2011 la economía china creció un 9%, luego de muchos años con aumentos anuales de la producción de 10 y 11 por ciento. Y también es cierto que los precios internacionales  de algunas materias primas y alimentos comprados en grandes volúmenes por China,  cayeron en el año 2011. Si además tomamos en cuenta  la debilidad de la economía americana desde el 2007 y que  desde Europa llegan todos los días noticias sobre los temores de insolvencia y default  de algunos países, resulta muy pertinente la pregunta sobre si China seguirá siendo el motor, el tractor de la economía mundial.
            Le interesa mucho la respuesta a toda América del Sur que crece al ritmo de sus ventas a las economías asiáticas. Le interesa mucho al Mercosur y le preocupa:  Brasil y Argentina han tomado medidas de protección de sus economías, tan pronto sus  índices de producción industrial se han estancado. Y le interesa obviamente al Uruguay, y concretamente a Paysandú, ya que hacia China envía maderas, cueros, soja, lana y suero en polvo.
            Para dar una respuesta hay que saber qué pasa en China. Cuando en 1978, bajo la dirección de Deng Xiao Ping, China inicia  su proceso de privatización y liberalización económicas, el mundo occidental no lograba salir de una recesión ocasionada por los shocks petroleros, que dieron paso a la “década perdida” de América Latina en los 80’. Se entreveía que la evolución china iniciaba una “revolucionaria” transformación.
En gran medida la expansión china se ha debido a los 30 años de progreso industrial, con su necesidad de maquinarias, materiales y metales, y una urbanización anual de su población rural de más de 20 millones de campesinos, con la consiguiente necesidad de infraestructura y servicios, y de un consumo fuertemente creciente de proteínas, que acompañó la mejora de las condiciones de vida de la población. Ambas demandas explican la explosión económica de América Latina.
Para intentar entrever el futuro de las economías asiáticas, lideradas por China y  crecientemente por India, hemos de considerar que la población rural en China es aun del 60% y que en la India más del 70% de la población vive en el campo. En ambos países la productividad agrícola es baja. Y en China está prohibido el movimiento libre y sin duda anhelado de la población rural hacia la ciudad. En una perspectiva de largo aliento se puede afirmar que estas poblaciones quieren trabajar, han saboreado los efectos del progreso económico,  y la urbanización del país y su  industrialización tienen un largo camino por recorrer.
            Ahora sí nos podemos preguntar si este tipo de proceso tiene antecedentes. Y la respuesta es positiva y es precisamente en ese período de tiempo cuando se forma económica y demográficamente nuestro país. Nos referimos a la Segunda Revolución Industrial ocurrida entre 1850 y 1914. En ese período Europa Occidental y los Estados Unidos explotaron económicamente y su fuerza se derramó sobre el mundo. En esa época el Río de la Plata llegó a tener en algunos aspectos niveles de vida de primer mundo. Vinieron los ferrocarriles, los alambrados, se expandió vertiginosamente el lanar, llegó la Liebig’s y luego los frigoríficos, vinieron los bancos y el telégrafo y los teléfonos, el agua corriente, la luz eléctrica y el gas.
Pero nos olvidamos de lo más importante. Como producir alimentos y materias primas era más barato en las colonias, los habitantes de la Europa rural comenzaron a pasar hambre y eso explica la llegada a nuestro país de inversores y de gente con oficios: italianos, españoles, franceses, ingleses y alemanes.
En esos 65 años (1850-1914) se produce una gran transformación de la mayoría de las economías en torno al Atlántico. Pero no faltaron problemas “financieros”. En esos venturosos 65 años hubo escasez de oro – las finanzas de la época -  y una feroz competencia entre los países de reciente industrialización dieron lugar a la “gran depresión de 1873-1896”. Hubo momentos de pánico y de quiebras, pero el progreso no se detuvo. No faltaron problemas monetarios, crisis de deuda pública, defaults y bancarrotas bancarias.
Por eso es difícil anticipar la magnitud  del aquietamiento económico chino y cuándo puede ocurrir, pero en un enfoque de mediano y largo plazo esas dificultades “financieras” de Estados Unidos y Europa no tienen relevancia. China seguirá creciendo y América del Sur seguirá siendo un continente privilegiado.

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