En el último trimestre de 2011 la economía china creció un 9%, luego de muchos años con aumentos anuales de la producción de 10 y 11 por ciento. Y también es cierto que los precios internacionales de algunas materias primas y alimentos comprados en grandes volúmenes por China, cayeron en el año 2011. Si además tomamos en cuenta la debilidad de la economía americana desde el 2007 y que desde Europa llegan todos los días noticias sobre los temores de insolvencia y default de algunos países, resulta muy pertinente la pregunta sobre si China seguirá siendo el motor, el tractor de la economía mundial.
Le
interesa mucho la respuesta a toda América del Sur que crece al ritmo de sus
ventas a las economías asiáticas. Le interesa mucho al Mercosur y le
preocupa: Brasil y Argentina han tomado
medidas de protección de sus economías, tan pronto sus índices de producción industrial se han
estancado. Y le interesa obviamente al Uruguay, y concretamente a Paysandú, ya
que hacia China envía maderas, cueros, soja, lana y suero en polvo.
Para
dar una respuesta hay que saber qué pasa en China. Cuando en 1978, bajo la
dirección de Deng Xiao Ping, China inicia
su proceso de privatización y liberalización económicas, el mundo occidental
no lograba salir de una recesión ocasionada por los shocks petroleros, que
dieron paso a la “década perdida” de América Latina en los 80’. Se entreveía
que la evolución china iniciaba una “revolucionaria” transformación.
En gran medida la
expansión china se ha debido a los 30 años de progreso industrial, con su
necesidad de maquinarias, materiales y metales, y una urbanización anual de su
población rural de más de 20 millones de campesinos, con la consiguiente
necesidad de infraestructura y servicios, y de un consumo fuertemente creciente
de proteínas, que acompañó la mejora de las condiciones de vida de la
población. Ambas demandas explican la explosión económica de América Latina.
Para intentar entrever
el futuro de las economías asiáticas, lideradas por China y crecientemente por India, hemos de considerar
que la población rural en China es aun del 60% y que en la India más del 70% de
la población vive en el campo. En ambos países la productividad agrícola es
baja. Y en China está prohibido el movimiento libre y sin duda anhelado de la
población rural hacia la ciudad. En una perspectiva de largo aliento se puede
afirmar que estas poblaciones quieren trabajar, han saboreado los efectos del
progreso económico, y la urbanización
del país y su industrialización tienen
un largo camino por recorrer.
Ahora sí nos podemos preguntar si este tipo de proceso
tiene antecedentes. Y la respuesta es positiva y es precisamente en ese período
de tiempo cuando se forma económica y demográficamente nuestro país. Nos
referimos a la Segunda Revolución Industrial ocurrida entre 1850 y 1914. En ese
período Europa Occidental y los Estados Unidos explotaron económicamente y su
fuerza se derramó sobre el mundo. En esa época el Río de la Plata llegó a tener
en algunos aspectos niveles de vida de primer mundo. Vinieron los
ferrocarriles, los alambrados, se expandió vertiginosamente el lanar, llegó la
Liebig’s y luego los frigoríficos, vinieron los bancos y el telégrafo y los
teléfonos, el agua corriente, la luz eléctrica y el gas.
Pero nos olvidamos de
lo más importante. Como producir alimentos y materias primas era más barato en
las colonias, los habitantes de la Europa rural comenzaron a pasar hambre y eso
explica la llegada a nuestro país de inversores y de gente con oficios:
italianos, españoles, franceses, ingleses y alemanes.
En esos 65 años
(1850-1914) se produce una gran transformación de la mayoría de las economías
en torno al Atlántico. Pero no faltaron problemas “financieros”. En esos
venturosos 65 años hubo escasez de oro – las finanzas de la época - y una feroz competencia entre los países de
reciente industrialización dieron lugar a la “gran depresión de 1873-1896”.
Hubo momentos de pánico y de quiebras, pero el progreso no se detuvo. No
faltaron problemas monetarios, crisis de deuda pública, defaults y bancarrotas
bancarias.
Por eso es difícil
anticipar la magnitud del aquietamiento
económico chino y cuándo puede ocurrir, pero en un enfoque de mediano y largo
plazo esas dificultades “financieras” de Estados Unidos y Europa no tienen
relevancia. China seguirá creciendo y América del Sur seguirá siendo un
continente privilegiado.
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