En el
marco de la disciplina de la economía los factores de producción básicos
originalmente considerados fueron el trabajo, los recursos naturales y el
capital. Sólo en un pasado reciente se ha incorporado la tecnología y la
gestión empresarial como determinantes fundamentales de los niveles de progreso
económico. Recién en la segunda mitad del siglo XX otros factores tales como la
educación, la formación profesional, el conocimiento y la información han sido
incorporados a la lista de los factores determinantes de la generación de
riqueza. Todos estos factores que se han incorporado como variables
explicativas han enriquecido enormemente el análisis económico. Antes, la concepción
de la fuerza de trabajo se reducía a la mera suma de operarios. Hoy, se habla
de capital humano, y muchas de las cualidades que hemos hecho referencia se
incluyen en el análisis de la capacidad de trabajo.
Simultáneamente, se ha puesto en evidencia la importancia
para el crecimiento económico de
garantías como las constituidas
por el respeto de los derechos de propiedad, un sistema judicial eficaz y un
régimen tributario equilibrado y predecible. Junto a estas garantías jurídicas
debe señalarse la decisiva importancia que tienen la confianza, la veracidad y
la transparencia en las relaciones económicas, los hábitos de cooperación y la
capacidad de organización e innovación, de manera que se habla de la existencia
de un capital social con significación económica. En este sentido, los
escándalos financieros de las grandes corporaciones de los años pasados son
vistos como una pérdida importante de capital social.
Por razones estadísticas y de medición, en la literatura
sobre el crecimiento económico se suele centrar el estudio en el capital físico
definido como la tasa de inversión anual y en el capital humano identificado
como la población económicamente activa, cuya capacidad de producir está dada
por los niveles de salud y sobre todo por los grados de educación alcanzados[1].
En el caso de Uruguay hay
interesantes estudios sobre las fuentes de crecimiento que permiten extraer
algunas conclusiones sustantivas sobre la realidad nacional[2].
En los
procesos económicos de coordinación, organización del trabajo e innovación,
juegan un papel decisivo los empresarios, sobre todo en los países de menor
desarrollo relativo, ya que en éstos hay un marcado desfase entre la capacidad
potencial de generar riqueza a partir de los recursos naturales, el capital
físico disponible y el nivel educativo de su población, y el aprovechamiento
efectivo de esos recursos, teniendo esta diferencia su correlato en la
existencia de un desfase entre la calidad de vida de la población y la que
potencialmente podría tener. En ese sentido, Peter Drucker ha afirmado que
América Latina no es un continente subdesarrollado, sino subadministrado, esto es, la principal
variable explicativa de nuestro atraso es atribuíble a unas capacidad de
gestión deficitarias, tanto a nivel público como privado. En esa línea de
pensamiento, procuraremos aquí ofrecer un marco conceptual a través del cual
podamos apreciar en qué medida tal aseveración es correcta, y cuán decisivo es
el papel de los empresarios en el proceso de desarrollo económico.
El núcleo
de la teoría económica se ha mantenido incambiado en lo sustancial desde 1870 y
consiste en la suposición que el intercambio y el comercio se realizan en un
mercado de competencia perfecta. Esto implica una multitud de compradores y
vendedores en condiciones tales que ninguno de ellos tenga fuerza suficiente
para influir en el precio y que carezcan de significación las alianzas y los
comportamientos estratégicos de los actores.
Este tipo de mercado puede encontrarse habitualmente en el
intercambio de productos finales, sobre todo en los bienes de consumo masivo y
tecnología “standard”. De ahí que el estudio de la demanda en el mercado se
haya reducido al análisis del consumidor, sea éste el individuo o la familia.
Cuando el consumidor satisface una necesidad con un bien que adquiere en el
mercado, obtiene una satisfacción o utilidad. Su ingreso o su riqueza
constituyen la restricción presupuestal según la cual toma sus decisiones para
conseguir el máximo de satisfacción individual, decisiones que se traducen en
las compras que realiza.
Una peculiaridad de la satisfacción que proporciona el
consumo es su intransferibilidad. La mayor o menor utilidad que un individuo
obtenga de su consumo no tiene significación o importancia para los demás
consumidores. A la vez, el bien que consume un individuo no puede ser consumido
o aprovechado por otro. A esta característica se llama rivalidad de los bienes económicos, en el sentido de que los
distintos usos son rivales: si lo utiliza o aprovecha un consumidor no queda
disponible para otro, como puede ser el caso de una golosina o, más en general,
con cualquier producto comestible.
Bienes Privados
Los llamados bienes privados, que constituyen el núcleo del
razonamiento microeconómico, son los bienes rivales que además son excluíbles.
Cuando el poseedor de un bien rival puede excluir a los demás de su uso, es
poseedor de un bien privado. Quien tiene la propiedad de un ordenador personal
tiene un bien rival ya que no puede ser utilizado por otra persona
simultáneamente, y a la vez puede impedir que otro lo utilice. Un
programa informático, en cambio, es un bien no rival, ya que muchos pueden usarlo
a la vez, diríamos que un infinito número de usuarios, sin mengua de su eficacia
técnica. La exigencia de una licencia es garantía de que pueda ser un bien
excluíble.
Las ondas de la televisión abierta son bienes no rivales, ya
que un número indefinido de usuarios puede captarlas sin disminución de su
eficacia, y son a la vez bienes no excluíbles ya que no puede impedirse que
alguien las sintonice. Sin embargo, los cambios tecnológicos han hecho posible
la construcción de decodificadores de ondas televisivas que permiten que estas
ondas, por naturaleza técnica no rivales, sean en cambio excluíbles. Se
comprenden fácilmente los problemas que plantean los bienes no excluíbles para
el financiamiento de su producción o el cobro por su uso. En el caso de la
televisión abierta no es el consumidor o usuario quien paga directamente por su uso, sino que se genera un mecanismo
indirecto como es el de la publicidad.
Bienes Públicos
La existencia en toda sociedad de bienes que pueden ser
utilizados por muchos individuos a la vez y a quienes no se les puede excluir
de su uso, ha generado a lo largo del
siglo XX abundante literatura sobre los llamados bienes públicos. Algunos de
estos bienes, como la seguridad ciudadana y la defensa exterior, son exigencias
básicas de la vida social. Si hay paz y tranquilidad en un país o en una
ciudad, todos los ciudadanos disfrutan de la misma y no hay modo de excluir a
nadie de ese agradable entorno sin afectar las bases mismas de la armonía
social que se busca. Los costos de los servicios judiciales y de policía
necesarios para contribuir a esa necesaria paz no pueden ser cobrados a los
beneficiarios según la utilidad que experimentan. En todas las sociedades ha
existido siempre una contribución obligatoria - el impuesto -, para financiar
la producción de esos bienes y servicios. No es extraño, por tanto, que una de
las líneas de desarrollo de la investigación sobre los bienes públicos sea el
estudio del impuesto, sobre una lógica planteada siempre en términos de una
decisión colectiva, cuya conveniencia se intenta buscar substantivamente a
través de la racionalidad individual.
Hay obras de
infraestructura como las rutas que son bienes públicos en cuanto son
compartibles por muchos usuarios, y que en el caso de las autopistas o rutas
importantes pueden llegar a ser excluíbles mediante el pago de peaje. Con esta
decisión se procura que sean los beneficiarios directos quienes las financien.
Las calles de una ciudad son bienes públicos que no solo son compartibles, sino
que es impracticable la exclusión de su uso. Una forma de financiar su construcción y mantenimiento con
cargo a los beneficiarios reales es el cobro de un impuesto a los vecinos de
esa calle.
El núcleo de los análisis económicos está constituido por el
estudio del funcionamiento de los mercados donde se transan bienes privados. Si
bien el estudio de los bienes públicos ha crecido durante la segunda mitad del
siglo XX con el desarrollo de abundante
literatura sobre las tareas reguladoras del Estado, se ha mantenido en general
una dicotomía en el análisis económico de los bienes privados por un lado y de
los bienes públicos por el otro.
Bienes Comunes
Los hechos muestran que los efectos externos de las
decisiones económicas no solo son importantes sino crecientes, conforme aumenta
la complejidad de la actividad económica, progresa la tecnología y se
globalizan las relaciones entre pueblos y personas. Buena parte de la
literatura sobre los fallos del mercado se centra en la existencia de las
llamadas economías externas favorables y desfavorables. Todos los que
interactúan económicamente generan beneficios y costos sobre los demás miembros
de la sociedad, beneficios y costos que no están incluidos en los precios.
Esto nos permite mencionar a los bienes comunes, al menos
como categoría conceptual, y sobre cuyo análisis volveremos en la sección siguiente.
De todos modos, esta introducción sobre la naturaleza de los bienes privados,
los bienes públicos y los bienes comunes, facilitará la comprensión de las
dificultades para que los mercados funcionen siempre eficientemente.
Eficiencia y competencia
Las decisiones económicas son racionales
cuando la comparación de los costos y beneficios que se derivan de una decisión
–sea la acción de consumir, trabajar, invertir, ahorrar o producir- incluye
correctamente todos esos beneficios y costos.
Cuando se dan las condiciones para que los individuos tomen en cuenta todos los
costos y beneficios de sus acciones, tiene lugar un funcionamiento económico de
la sociedad, que es eficiente. A través de este funcionamiento se accede a un
óptimo social definido en el sentido de Pareto. Esto quiere decir, que no se puede mejorar la situación de un
individuo sin que se perjudicar o
empeorar la situación de otro.
Para que una empresa tome decisiones racionales y
socialmente eficientes, es necesario que tenga la posibilidad de apropiarse de
todos los beneficios que genera, que pueda cobrar por todas las consecuencias
buenas de su actuación. Si solo pudiera cobrar parcialmente, producirá menos de
lo conveniente socialmente. Supongamos,
por ejemplo, un país que no proteja la propiedad intelectual de los programas
de software. Las empresas del sector seguramente restringirán su actividad,
concentrándose en desarrollar aquellos productos y atender aquellos clientes
que estén a salvo de la piratería informática.
De la misma manera, si esa empresa incurriera en costos que
no paga, su producción sería mayor que la conveniente socialmente. En ejemplo más conocido de ese
fenómeno es el caso de la contaminación ambiental. Hay formas de
producción que ocasionan un deterioro del entorno, que es un costo a veces alto
para la sociedad que la empresa tiende a no incluir en sus cálculos. La
eficiencia de los mercados implica pues, por una parte, condiciones de
competencia perfecta y por otra que la
producción, el comercio y el consumo estén referidos a bienes privados. De ese
modo, cada uno paga la totalidad de los costos que implica la producción de un
bien, y que quien produce o tiene la propiedad del mismo pueda excluir a los
demás de su uso y de toda otra forma de aprovechamiento.
Se comprende así la importancia que tienen las patentes
derivadas de descubrimientos científicos y avances tecnológicos. Es la forma de
remunerar esas tareas e impulsar su desarrollo. Todas las formas de propiedad
intelectual constituyen un factor de estímulo económico para las labores
creativas, que están en la base del progreso social y de las mejoras en las
condiciones de vida.
Los costos no incluidos en los cálculos de las empresas, es
decir los efectos externos negativos, merecen, habitualmente, la consideración
de la academia y de los medios de comunicación. No ocurre lo mismo con los
múltiples efectos externos positivos que trae consigo la actividad empresarial.
Más adelante ejemplificaremos esta afirmación.
No debe sorprender la existencia de múltiples efectos no
buscados de las decisiones económicas, si se miran las cosas desde un ángulo
antropológico más amplio. Es imposible el desarrollo de la persona y, aun más,
que alcance su plenitud, fuera de la vida
social. De la natural interrelación de los individuos surge los elementos que
contribuyen al bien de la persona o a su daño. Si bien nadie niega esta
realidad en el campo de la ciencia, o en el de la educación, en el del lenguaje
y en el de la amistad, no siempre se ha sacado consecuencias sustantivas de
esta realidad para la vida económica.
La importancia de los efectos externos en cada tipo de
actividad económica es un tema empírico y su significación ha de ser analizada
o considerada en cada caso. No es conveniente plantearlos en términos
ideológicos.
Esta riqueza de los efectos sociales que se siguen a todas
las conductas permite resaltar el rol medular de la cooperación. Es probable
que la importancia que tienen las condiciones competitivas de los mercados para
un funcionamiento eficiente de los mismos y para una vida social donde no se
abuse del poder, haya contribuido a perder de vista que la competencia en los
mercados es un buen instrumento para lograr la cooperación social y que ésta
antecede a la existencia del mercado.
La competencia entre empresas nunca es absoluta ya que
coincide con ámbitos de cooperación. La Cámara Nacional del Comercio en Uruguay
tiene más de 90 gremiales y centros comerciales departamentales, agrupadas
según similares intereses mercantiles. La Cámara de Industrias agrupa a más de
60 gremiales, de acuerdo a las semejanzas industriales de sus socios. En ambos
casos, el estudio y actuación conjunta en torno al régimen tributario y las
regulaciones por parte del Estado, los sistemas de reconocimiento de los estándares
de calidad, el intercambio de información sobre los buenos y malos pagadores,
los estudios estadísticos sobre el propio sector así como la defensa de la
imagen pública de su campo específico de actividad, son actividades que
implican cooperación entre quienes compiten por vender sus productos y
servicios a los mismos clientes.
Cooperación y competencia
Los seres humanos son los animales que nacen más indigentes[3].
El entorno familiar y las ayudas recibidas son, no solo condición de
supervivencia material sino exigencia imprescindible para todos los aspectos de
la educación. Una de las primeras ayudas es la adquisición del lenguaje, sin el
cual es difícil distinguir a los hombres del resto de la naturaleza. Una
muestra de la importancia de la educación para los seres humanos esta dada por
la triste experiencia de los niños ferinos[4].
Pero también en la dimensión económica de la vida social y humana cabe hacer
consideraciones similares.
Adam Smith, considerado el fundador de la ciencia económica,
inicia su estudio sobre el origen y las causas de la riqueza de las naciones,
considerando la importancia fundamental de la división del trabajo[5].
A nadie escapa que, si cada individuo debiera cultivar la tierra y criar los
animales con cuyos frutos elaborar los alimentos, el vestido, la vivienda y el
medio de transporte, así como construir un ordenador personal y desarrollar el
software adecuado para su funcionamiento, esa persona habría salido del tiempo
de las cavernas.
Con demasiada facilidad y ligereza se olvida que todos los
medios técnicos de que se dispone y la cultura en la que se vive, son el fruto
del esfuerzo y de la experiencia de innumerables generaciones, así como las
futuras dependerán en parte de lo que lleve a cabo la presente. A su vez, a poco
que se analice el origen de los bienes y servicios que se utilizan se percibirá
la compleja interrelación humana y social que implican. Supone cortedad intelectual considerar esos logros
sociales como un dato y no sentir responsabilidad sobre su mantenimiento y
progreso. Considerar que no pertenece al individuo ninguna cuota de
responsabilidad y que debe abandonarse a la suerte de un colectivo que lo
desborda totalmente, es impropio de la dignidad intelectual y moral del hombre.
El progreso humano implica cooperación, lo que todo
antropólogo o filósofo social toma como punto de partida, sea que lo considere
como un aspecto consustancial a la vida humana o como un fruto de un contrato
hecho por conveniencia y que pudo o no haberse realizado.
No es necesario, en una óptica antropológica, la
demostración formal de las ventajas de la cooperación para la vida social, y
concretamente económica, tal como lo plantea Axelrod[6].
La competencia en los mercados es un eficaz instrumento al
servicio de la cooperación. De ahí, la insistencia de algunos autores, en que
la economía de mercado es una parte de la economía política. No es posible la
actividad regular de los mercados que permite su estudio, sin la creación de un
bien público imprescindible como es el Derecho, es decir, sin un orden jurídico
eficaz. Y cabe agregar la necesidad prioritaria de la misma existencia política
de la sociedad organizada[7].
Este artículo intenta centrarse en los factores de
cooperación en la óptica de la empresa. No nos referiremos a las razones de la
cooperación que es la existencia misma de la empresa, aunque sean de mucho
interés los planteos de Williamson sobre los motivos que llevan a sacar del
mercado algunas transacciones e incorporarlas a una estructura jerárquica de
monitoreo y control[8].
Vamos a referirnos a las múltiples economías externas positivas que genera la
actividad empresarial y a la importancia decisiva que tienen en los procesos de
crecimiento económico. Mencionaremos un par de ejemplos.
Internet
Toda la información disponible en Internet constituye un capital inmenso, no solo para la academia sino también para el mundo de los negocios, el marketing y el turismo. Su crecimiento ha sido espectacular, así como la dimensión que ha alcanzado en muy pocos años. Ese capital ha sido posible por una actitud abierta y cooperativa, sobre todo en los ambientes universitarios. Es muy de destacar y apreciar estas actitudes en sus primeros momentos. La voluntad de cooperar con lo que se tenía, aunque implicara en muchos casos perder la exclusividad de la información, ha hecho posible que todos o al menos muchos, dispongan de un capital especialmente importante en el mundo actual. Esto es importante por dos razones principales. En primer término, porque se ha dicho con razón que vivimos en la sociedad del conocimiento, no solo en términos de que éste condiciona todas las formas de vida, sino que el conocimiento es considerado como un factor de producción cada vez más prioritario. En segundo lugar, porque es un capital del que pueden usufructuar y disponer todos los países de la tierra, cualquiera sea su grado de desarrollo relativo, en una medida mucho mayor a lo que ocurre con otros capitales o recursos de los que dispone la Humanidad.
Toda la información disponible en Internet constituye un capital inmenso, no solo para la academia sino también para el mundo de los negocios, el marketing y el turismo. Su crecimiento ha sido espectacular, así como la dimensión que ha alcanzado en muy pocos años. Ese capital ha sido posible por una actitud abierta y cooperativa, sobre todo en los ambientes universitarios. Es muy de destacar y apreciar estas actitudes en sus primeros momentos. La voluntad de cooperar con lo que se tenía, aunque implicara en muchos casos perder la exclusividad de la información, ha hecho posible que todos o al menos muchos, dispongan de un capital especialmente importante en el mundo actual. Esto es importante por dos razones principales. En primer término, porque se ha dicho con razón que vivimos en la sociedad del conocimiento, no solo en términos de que éste condiciona todas las formas de vida, sino que el conocimiento es considerado como un factor de producción cada vez más prioritario. En segundo lugar, porque es un capital del que pueden usufructuar y disponer todos los países de la tierra, cualquiera sea su grado de desarrollo relativo, en una medida mucho mayor a lo que ocurre con otros capitales o recursos de los que dispone la Humanidad.
Infraestructura en el Sector
Rural
La forma en que se enfrentan en el sector rural del Uruguay algunas insuficiencias de infraestructura, tales como los caminos vecinales y la electrificación, muestra claramente algunos problemas que plantea la vida social. Asimismo, deja patentes la necesidad de cooperación, la generación de externalidades y la importancia de que haya líderes que carguen con el esfuerzo de las gestiones y con el hecho de que se van a beneficiar muchos que han optado por no incurrir en los costos.
Así ocurre también cuando se reúnen algunos vecinos que acuerdan costear la reparación de un camino o la inversión necesaria para el tendido eléctrico en una zona virgen. Es probable que otros habitantes del lugar aduzcan que se encuentran con dificultades financieras, cuando en realidad eso no es cierto y están además seguros de que los impulsores seguirán adelante sin su cooperación. En realidad, estos últimos alientan el propósito de que una vez hecha la inversión y pasado cierto tiempo podrán a un costo menor acceder a la energía eléctrica. Esta recurrente situación suele denominarse en los estudios sobre acción colectiva como la existencia del parásito o “free rider”. Si el intento de evitar todo comportamiento oportunista es obsesivo, la iniciativa social desaparece y toda la estatura ética de la sociedad decae[9].
La forma en que se enfrentan en el sector rural del Uruguay algunas insuficiencias de infraestructura, tales como los caminos vecinales y la electrificación, muestra claramente algunos problemas que plantea la vida social. Asimismo, deja patentes la necesidad de cooperación, la generación de externalidades y la importancia de que haya líderes que carguen con el esfuerzo de las gestiones y con el hecho de que se van a beneficiar muchos que han optado por no incurrir en los costos.
Así ocurre también cuando se reúnen algunos vecinos que acuerdan costear la reparación de un camino o la inversión necesaria para el tendido eléctrico en una zona virgen. Es probable que otros habitantes del lugar aduzcan que se encuentran con dificultades financieras, cuando en realidad eso no es cierto y están además seguros de que los impulsores seguirán adelante sin su cooperación. En realidad, estos últimos alientan el propósito de que una vez hecha la inversión y pasado cierto tiempo podrán a un costo menor acceder a la energía eléctrica. Esta recurrente situación suele denominarse en los estudios sobre acción colectiva como la existencia del parásito o “free rider”. Si el intento de evitar todo comportamiento oportunista es obsesivo, la iniciativa social desaparece y toda la estatura ética de la sociedad decae[9].
En la siguiente sección analizaremos algunas economías
externas de singular interés para el progreso económico de países de menor
desarrollo relativo.
El punto de partida de estas consideraciones es que el empresario no puede
apropiarse de todos los beneficios económicos y sociales que derivan de su actividad
empresarial, de modo que pueda incluirlos en su presupuesto financiero y
económico con el que toma las decisiones. En algunos casos, el análisis debe
tener un horizonte de mayor plazo, y considerar que la posibilidad de
apropiación individual es sólo probable.
Los análisis sobre el desarrollo económico de Schumpeter
hacen hincapié en el papel innovador del empresario, cuya novedad tiende a ser
copiada por empresarios imitadores. De ese modo, los esfuerzos para
diferenciarse y obtener una ventaja tienden a ser aprovechados por quienes lo
sigan, sin necesidad de incurrir en costos similares[10].
Desarrollo de Mercados Potenciales
Uno de los factores de progreso es, sin duda, el desarrollo
y profundización de los mercados. Los mercados no surgen espontáneamente cuando
hay oferentes y demandantes ya que éstos pueden serlo solo potencialmente. El
desarrollo de un mercado lleva tiempo e implica un cúmulo de normas escritas y
no escritas, formas de comportamiento y
conocimiento de los demás actores. Desarrollar un mercado tiene un costo
para todos los actores iniciales, y una vez consolidado favorece a todos los
actores que se incorporan. Una de las limitaciones de los países de menor
desarrollo relativo es, precisamente, la inexistencia o el insuficiente
desarrollo de los mercados, tanto en el comercio de bienes y servicios como en
la movilización del capital. Los empresarios llegarían más lejos en su
contribución al desarrollo si tomaran en cuenta esa tarea de inversión – para
sí y para la economía en su conjunto -, que implica el desarrollo de los
mercados. Es conveniente para el conjunto de empresarios del sector cooperar en
el desarrollo de los mercados, porque se consigue mejores resultados con un
entorno favorable a los negocios y mercados más fluidos.
El esfuerzo y el tiempo que implican desarrollar un mercado
puede advertirse en los mercados de crédito. Estos exigen por parte de los
prestamistas no solo el estudio de proyectos, sino abundante información sobre
la trayectoria personal de muchas personas, trayectoria que revela el carácter
de las mismas y la cultura de sus empresas, su confiabilidad, su respuesta comprobada ante las dificultades y
su tenacidad. Un mercado desarrollado es un capital social y económico muy
valioso, cuyo desarrollo exige tiempo e implica un conocimiento de las personas
que no puede sustituirse con un estudio “técnico” de los proyectos. Este tipo
de mercado constituye una muestra de que
no es mero fruto de la existencia de agentes que quieran comprar un bien o
servicio y de otros que los provean, sino que ha de ser desarrollado
inteligentemente por estos agentes.
Merece una consideración la importancia del comercio
exterior para los países de menor
desarrollo relativo. Estos se caracterizan por vender al exterior unos pocos
productos, en general “commodities” con escaso valor agregado. Los innovadores
que dan a conocer no solo los productos del país sino al mismo país, e imponen
una marca, asumen unos costos que beneficiarán a los imitadores. Este ejemplo
pone de manifiesto un campo muy claro en el que la cooperación entre
empresarios competidores implica no solo un beneficio o provecho directo para
ellos, sino un beneficio colectivo que no pueden incluir en sus cálculos
económicos[11].
El progreso tecnológico como
fuente de crecimiento
En la literatura sobre el crecimiento hay abundantes
estudios sobre sus fuentes. Tanto el capital físico como el capital humano
constituyen los dos factores de producción básicos cuya contribución se suele
analizar. Se puede afirmar, que la evidencia internacional muestra que más allá
del aumento del capital físico de que se disponga y de las mejoras en el
capital humano, hay factores como el progreso tecnológico que juegan un papel
importante. La misma inversión física que incorpora nuevas tecnologías genera
un aprendizaje en la empresa que la realiza, “learning by doing”, que tiende
luego a propagarse por el resto de la economía como desbordamiento del
conocimiento, “knowledge spillovers”[12].
Esta mejora en los rendimientos de otras empresas que no han pagado por ese
progreso tecnológico es una manifestación de externalidades positivas,
característico de un proceso de crecimiento dinámico.
Este desbordamiento se produce de muchas maneras. En muchos
casos por imitación y copia y en otros por natural circulación de personal
operativo y directivo entre las empresas. Esta característica del capital
humano hace que la falta de un espíritu cooperativo por parte de los
empresarios perjudique al conjunto. Más aun que una mejora en la capacitación
de las personas, que significa siempre un crecimiento personal y el aumento de
sus ingresos, es conveniente que las empresas enfrenten ese problema como su
contribución a la formación de un capital colectivo que es necesario
desarrollar. Este capital beneficiará a todos y se logrará una actitud
cooperativa. Las empresas así orientadas contribuirán a la formación del
personal, evitando las nocivas consecuencias de una actitud de prevención
excesiva de comportamientos oportunistas o parasitarios.
Esta beneficiosa dispersión del progreso tecnológico por
toda la economía obedece al carácter no rival de la tecnología. Ésta, por
naturaleza, puede ser usada por muchos a
la vez sin mengua de su eficacia. Más aún, si la experiencia es mayor pasa a ser esta
tecnología. Buena parte del progreso tecnológico no es excluible, ya no se
puede asimilar a procesos mecánicos o químicos patentables, sino que implica
formas de organización del trabajo, nuevos hábitos y conocimientos, tanto por
parte del personal directivo como del operativo. A veces la empresa innovadora
genera nuevas formas de distribución o de relacionamiento con clientes o
proveedores, que pueden ser fácilmente imitables.
El papel de la familia en la
generación de capital social
“Mutatis mutandi”, se debe aplicar a la empresa lo que
afirmó de la familia el Profesor
Gary Becker ,premio Nobel de Economía, en la conferencia pronunciada en
la Universidad de Montevideo el 16 de noviembre de 2002: “La familia juega un importante rol en la enseñanza de los niños, en la
inversión en capital humano de sus hijos, en la formación de las actitudes y
valores de sus hijos, que son cruciales para su óptimo desarrollo. Cuando hablo
de inversiones me refiero al capital humano, un tema que ha sido de largo
interés por mi parte. Publiqué ni primer paper sobre inversión en capital
humano en 1960, hace más de 40 años. La familia es responsable por la mayor parte del capital humano de los jóvenes. No es la
única fuente, ya que me referiré enseguida a la escuela, que es claramente importante también,
pero la importancia de la familia es crucial. Las familias los cuidan desde su
nacimiento y muchos psicólogos y biólogos hablan incluso ahora de la gran
influencia de la madre con anterioridad al nacimiento, en la nutrición y en
otros aspectos”[13].
Actitud empresarial hacia el
progreso social
Tiene efectos especialmente importantes en los países de
menor desarrollo relativo que los empresarios incluyan en su cálculo económico
todas las consecuencias beneficiosas que implica su actividad. Estas son a
veces una contribución a un clima de progreso favorable a los negocios; en
otros casos sus esfuerzos significarán un impulso al desarrollo de los mercados
y a la calificación
de la mano de obra. De todas estas mejoras de capital social, el mismo
empresario que las impulsó puede beneficiarse, al menos con razonable
probabilidad. En otros casos ha de ser la consideración del progreso del país,
de la ciudad, del área económica, de los conciudadanos, los factores que
inclinarán la balanza a llevar a cabo nuevas tareas, cuando el esfuerzo y la
fatiga pesen especialmente o cuando las certezas sobre las posibilidad de
apropiarse de los todos los beneficios
de su actividad no resulten nítidos.
Sensibilidad ética y responsabilidad social
Tienden a verse las exigencias éticas como criterios
de racionalidad y de valoración ajenos al natural desarrollo de la vida social
y económica, pleno de especificidades técnicas y perentoriedades temporales. La conciencia
ética implica, en cambio, la correcta visión de la realidad de las cosas y de
todos los aspectos de la vida social. El fundamento de los reclamos éticos de
la vida social es la radical necesidad que tenemos los hombres unos de otros.
La dignidad de la persona y su desarrollo exigen un entorno y una serie de
bienes, sin los cuales es especialmente palpable no solo la imposibilidad de un
buen crecimiento sino las mismas posibilidades, muy ciertas por desgracia, de
degradación humana. Ese conjunto de condiciones que permiten y facilitan a
todos un desarrollo verdaderamente humano es lo que se denomina bien común.
La consideración de las consecuencias buenas y malas
de los actos humanos en la vida familiar y social es una constante de todas las
culturas y de todas las épocas. Esta
conciencia moral es el fundamento de toda las elaboraciones éticas.
Un análisis ético de la vida social es
imprescindible para la propia supervivencia de la sociedad. Su conservación no
está asegurada por su propia naturaleza, como nos enseña la triste experiencia
del siglo XX. El profesor Leonardo Polo
ha afirmado que el conectivo social es la ética, es decir, la fuente de la
armonía social, de la consistencia de la vida social hay que buscarla en
la valoración ética, en su racionalidad[14].
No se trata solamente de considerar lo que cada
persona deba recibir, esto es, su participación o apropiación personal o
privada del bien común social, sino de la radical importancia que tiene para el
desarrollo de una persona su contribución al bien común. Es muy tosco reducir
el progreso de las personas al crecimiento biológico y psicológico obtenido por
alimentación o incorporación de objetos o conocimientos. El hombre crece como
persona por la comunicación o don a otras personas, por su contribución al bien
común.[15]
El caso de la familia es paradigmático. La dignidad
de la madre crece con su entrega al hijo y mide su propio progreso por el
desarrollo que alcanzan ellos. Si bien esta comunidad de personas es una de las
más fuertes en la vida humana, también cabe hacer consideraciones similares en
otras dimensiones de la vida social. Así, la veneración hacia los conductores
políticos que son auténticos servidores públicos se grava fuertemente en la
memoria colectiva. De igual modo, un proceso de comunicación especialmente
consistente y duradero se da en las relaciones entre los educadores y los
jóvenes, más fuertes cuanto más jóvenes son los educandos.
Conclusiones
Hay sobradas razones para resaltar la importancia de
los empresarios como factores de progreso económico y social y como generadores
de riqueza y empleo. Ellos impulsan los cambios tecnológicos y toda mejora de
la calidad del trabajo humano, y son los gestores naturales de los necesarios
procesos de cooperación y organización que hacen al núcleo del progreso social.
Las cualidades de carácter, la educación y las circunstancias históricas que
deben vivir los constituyen en responsables de muchos aspectos de la vida
económica y también social.
Cabe preguntarse si las respuestas de los empresarios a las
responsabilidades mencionadas comportan virtudes como la magnanimidad y la
solidaridad, o son respuestas racionales a la búsqueda del propio provecho o
conveniencia o supervivencia, analizadas con una perspectiva de racionalidad de
largo plazo. Pero, sin duda, estas cualidades empresariales son de especial
relieve para generar el desarrollo económico en los países de menor crecimiento
relativo.
[1] Cfr. Sala i Martin,
Xavier, Apuntes de crecimiento económico. Ed. Antoni Bosch. Barcelona,
2002.
[2] Cfr. Bucacos Elizabeth, Fuentes de crecimiento económico en Uruguay
1960-1997. Jornadas de Economía del Banco Central del Uruguay, 1998; De
Brun, Julio, Liberalización comercial y
financiera en Uruguay. Sus efectos sobre las fuentes de crecimiento.
Jornadas de Economía del Banco Central del Uruguay,2000; Noya Nelson, Pereira
Marcelo y Prieto Gerardo, Crecimiento y
capital humano en Uruguay: 1940-1999, Jornadas de Economía del Banco
Central del uruguay, 2003.
[3] Yepes Stork, Ricardo y
Aranguren Echevarría, Javier, Fundamentos de Antropología. EUNSA. Pamplona,
1998. Ver cap.1
[4] Barrio, José y Fullat,
Octavio, Filosofía. Vicens Vives,
Barcelona, 1996, pag.145
[5] Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776.
[6] Axelrod Robert, The Evolution of Co-operation, 1984
[7] cfr. Pérez de Ayala, José
Luis, Introducción a una teoría pura de
la economía política. Editorial
de Derecho Financiero , Madrid , 1976.
[8] Williamson Oliver E., Markets and Hierarchies, The Free Press, New York, 1975 y The Economic Institutions of Capitalism,
The Free Press, New York, 1985
[9] Cfr. Regent, Pablo y Veiga Leonardo, La Cultura y Los incentivos Implícitos. Revista
del IEEM, Universidad de Montevideo, Año VI, número 1, Abril 2003, pag.19.
[10] Cfr. Schumpeter Joseph A., The Theory of Economic Development, Cambridge , 1934.
[11] Abó I. José, “Uruguay natural” produce transgénicos. Revista del IEEM, Universidad de Montevideo, Año VI,
número 1- Abril 2003, pag. 9
[12] Barro, Robert J. y Sala-i-Martin Xavier, Economic
Growth, The MIT Press 1999, Cambridge ,pag.146
[13] Becker, Gary. Human capital, conferencia pronunciada
en la Facultad de Ciencias empresariales y Economía de la Universidad de
Montevideo. Revista de la Facultad,
Año 1(2002), número 1 (nuestra traducción)
[14] Cfr. Polo, Leonardo, Quién es el hombre. EUNSA. RIALP.
Madrid, 1991
[15] Cfr. Polo, Leonardo, Sobre la existencia cristiana. EUNSA.
Pamplona. 1996
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