lunes, 28 de enero de 2013

Crecimiento económico y magnanimidad empresarial

Publicado en la Revista de Antiguos del IEEM. Universidad de Montevideo, No. 17/2004

En el marco de la disciplina de la economía los factores de producción básicos originalmente considerados fueron el trabajo, los recursos naturales y el capital. Sólo en un pasado reciente se ha incorporado la tecnología y la gestión empresarial como determinantes fundamentales de los niveles de progreso económico. Recién en la segunda mitad del siglo XX otros factores tales como la educación, la formación profesional, el conocimiento y la información han sido incorporados a la lista de los factores determinantes de la generación de riqueza. Todos estos factores que se han incorporado como variables explicativas han enriquecido enormemente el análisis económico. Antes, la concepción de la fuerza de trabajo se reducía a la mera suma de operarios. Hoy, se habla de capital humano, y muchas de las cualidades que hemos hecho referencia se incluyen en el análisis de la capacidad de trabajo.


Simultáneamente, se ha puesto en evidencia la importancia para el crecimiento económico de  garantías  como las constituidas por el respeto de los derechos de propiedad, un sistema judicial eficaz y un régimen tributario equilibrado y predecible. Junto a estas garantías jurídicas debe señalarse la decisiva importancia que tienen la confianza, la veracidad y la transparencia en las relaciones económicas, los hábitos de cooperación y la capacidad de organización e innovación, de manera que se habla de la existencia de un capital social con significación económica. En este sentido, los escándalos financieros de las grandes corporaciones de los años pasados son vistos como una pérdida importante de capital social.

Por razones estadísticas y de medición, en la literatura sobre el crecimiento económico se suele centrar el estudio en el capital físico definido como la tasa de inversión anual y en el capital humano identificado como la población económicamente activa, cuya capacidad de producir está dada por los niveles de salud y sobre todo por los grados de educación alcanzados[1]. En el caso de Uruguay hay interesantes estudios sobre las fuentes de crecimiento que permiten extraer algunas conclusiones sustantivas sobre la realidad nacional[2].

En los procesos económicos de coordinación, organización del trabajo e innovación, juegan un papel decisivo los empresarios, sobre todo en los países de menor desarrollo relativo, ya que en éstos hay un marcado desfase entre la capacidad potencial de generar riqueza a partir de los recursos naturales, el capital físico disponible y el nivel educativo de su población, y el aprovechamiento efectivo de esos recursos, teniendo esta diferencia su correlato en la existencia de un desfase entre la calidad de vida de la población y la que potencialmente podría tener. En ese sentido, Peter Drucker ha afirmado que América Latina no es un continente subdesarrollado, sino  subadministrado, esto es, la principal variable explicativa de nuestro atraso es atribuíble a unas capacidad de gestión deficitarias, tanto a nivel público como privado. En esa línea de pensamiento, procuraremos aquí ofrecer un marco conceptual a través del cual podamos apreciar en qué medida tal aseveración es correcta, y cuán decisivo es el papel de los empresarios en el proceso de desarrollo económico.

Bienes privados, bienes públicos y bienes comunes


El núcleo de la teoría económica se ha mantenido incambiado en lo sustancial desde 1870 y consiste en la suposición que el intercambio y el comercio se realizan en un mercado de competencia perfecta. Esto implica una multitud de compradores y vendedores en condiciones tales que ninguno de ellos tenga fuerza suficiente para influir en el precio y que carezcan de significación las alianzas y los comportamientos estratégicos de los actores.

Este tipo de mercado puede encontrarse habitualmente en el intercambio de productos finales, sobre todo en los bienes de consumo masivo y tecnología “standard”. De ahí que el estudio de la demanda en el mercado se haya reducido al análisis del consumidor, sea éste el individuo o la familia. Cuando el consumidor satisface una necesidad con un bien que adquiere en el mercado, obtiene una satisfacción o utilidad. Su ingreso o su riqueza constituyen la restricción presupuestal según la cual toma sus decisiones para conseguir el máximo de satisfacción individual, decisiones que se traducen en las compras que realiza.

Una peculiaridad de la satisfacción que proporciona el consumo es su intransferibilidad. La mayor o menor utilidad que un individuo obtenga de su consumo no tiene significación o importancia para los demás consumidores. A la vez, el bien que consume un individuo no puede ser consumido o aprovechado por otro. A esta característica se llama rivalidad de los bienes económicos, en el sentido de que los distintos usos son rivales: si lo utiliza o aprovecha un consumidor no queda disponible para otro, como puede ser el caso de una golosina o, más en general, con cualquier producto comestible.

Bienes Privados

Los llamados bienes privados, que constituyen el núcleo del razonamiento microeconómico, son los bienes rivales que además son excluíbles. Cuando el poseedor de un bien rival puede excluir a los demás de su uso, es poseedor de un bien privado. Quien tiene la propiedad de un ordenador personal tiene un bien rival ya que no puede ser utilizado por  otra persona  simultáneamente, y a la vez puede impedir que otro lo utilice. Un programa informático, en cambio, es un bien no rival, ya que muchos pueden usarlo a la vez, diríamos que un infinito número de usuarios, sin mengua de su eficacia técnica. La exigencia de una licencia es garantía de que pueda ser un bien excluíble.

Las ondas de la televisión abierta son bienes no rivales, ya que un número indefinido de usuarios puede captarlas sin disminución de su eficacia, y son a la vez bienes no excluíbles ya que no puede impedirse que alguien las sintonice. Sin embargo, los cambios tecnológicos han hecho posible la construcción de decodificadores de ondas televisivas que permiten que estas ondas, por naturaleza técnica no rivales, sean en cambio excluíbles. Se comprenden fácilmente los problemas que plantean los bienes no excluíbles para el financiamiento de su producción o el cobro por su uso. En el caso de la televisión abierta no es el consumidor o usuario quien paga directamente  por su uso, sino que se genera un mecanismo indirecto como es el de la publicidad.

Bienes Públicos

La existencia en toda sociedad de bienes que pueden ser utilizados por muchos individuos a la vez y a quienes no se les puede excluir de su uso, ha  generado a lo largo del siglo XX abundante literatura sobre los llamados bienes públicos. Algunos de estos bienes, como la seguridad ciudadana y la defensa exterior, son exigencias básicas de la vida social. Si hay paz y tranquilidad en un país o en una ciudad, todos los ciudadanos disfrutan de la misma y no hay modo de excluir a nadie de ese agradable entorno sin afectar las bases mismas de la armonía social que se busca. Los costos de los servicios judiciales y de policía necesarios para contribuir a esa necesaria paz no pueden ser cobrados a los beneficiarios según la utilidad que experimentan. En todas las sociedades ha existido siempre una contribución obligatoria - el impuesto -, para financiar la producción de esos bienes y servicios. No es extraño, por tanto, que una de las líneas de desarrollo de la investigación sobre los bienes públicos sea el estudio del impuesto, sobre una lógica planteada siempre en términos de una decisión colectiva, cuya conveniencia se intenta buscar substantivamente a través de la racionalidad individual.

  Hay obras de infraestructura como las rutas que son bienes públicos en cuanto son compartibles por muchos usuarios, y que en el caso de las autopistas o rutas importantes pueden llegar a ser excluíbles mediante el pago de peaje. Con esta decisión se procura que sean los beneficiarios directos quienes las financien. Las calles de una ciudad son bienes públicos que no solo son compartibles, sino que es impracticable la exclusión de su uso. Una forma de  financiar su construcción y mantenimiento con cargo a los beneficiarios reales es el cobro de un impuesto a los vecinos de esa calle.

El núcleo de los análisis económicos está constituido por el estudio del funcionamiento de los mercados donde se transan bienes privados. Si bien el estudio de los bienes públicos ha crecido durante la segunda mitad del siglo XX  con el desarrollo de abundante literatura sobre las tareas reguladoras del Estado, se ha mantenido en general una dicotomía en el análisis económico de los bienes privados por un lado y de los bienes públicos por el otro.

Bienes Comunes

Los hechos muestran que los efectos externos de las decisiones económicas no solo son importantes sino crecientes, conforme aumenta la complejidad de la actividad económica, progresa la tecnología y se globalizan las relaciones entre pueblos y personas. Buena parte de la literatura sobre los fallos del mercado se centra en la existencia de las llamadas economías externas favorables y desfavorables. Todos los que interactúan económicamente generan beneficios y costos sobre los demás miembros de la sociedad, beneficios y costos que no están incluidos en los precios.

Esto nos permite mencionar a los bienes comunes, al menos como categoría conceptual, y sobre cuyo análisis volveremos en la sección siguiente. De todos modos, esta introducción sobre la naturaleza de los bienes privados, los bienes públicos y los bienes comunes, facilitará la comprensión de las dificultades para que los mercados funcionen siempre eficientemente.

 Eficiencia y competencia


  Las decisiones económicas son racionales cuando la comparación de los costos y beneficios que se derivan de una decisión –sea la acción de consumir, trabajar, invertir, ahorrar o producir- incluye correctamente todos esos beneficios y    costos. Cuando se dan las condiciones para que los individuos tomen en cuenta todos los costos y beneficios de sus acciones, tiene lugar un funcionamiento económico de la sociedad, que es eficiente. A través de este funcionamiento se accede a un óptimo social definido en el sentido de Pareto. Esto quiere decir,  que no se puede mejorar la situación de un individuo sin que se perjudicar  o empeorar la situación de otro.

Para que una empresa tome decisiones racionales y socialmente eficientes, es necesario que tenga la posibilidad de apropiarse de todos los beneficios que genera, que pueda cobrar por todas las consecuencias buenas de su actuación. Si solo pudiera cobrar parcialmente, producirá menos de lo conveniente socialmente. Supongamos, por ejemplo, un país que no proteja la propiedad intelectual de los programas de software. Las empresas del sector seguramente restringirán su actividad, concentrándose en desarrollar aquellos productos y atender aquellos clientes que estén a salvo de la piratería informática.

De la misma manera, si esa empresa incurriera en costos que no paga, su producción sería mayor que la conveniente socialmente. En ejemplo más conocido de ese fenómeno es el caso de la contaminación ambiental. Hay formas de producción que ocasionan un deterioro del entorno, que es un costo a veces alto para la sociedad que la empresa tiende a no incluir en sus cálculos. La eficiencia de los mercados implica pues, por una parte, condiciones de competencia perfecta y por otra  que la producción, el comercio y el consumo estén referidos a bienes privados. De ese modo, cada uno paga la totalidad de los costos que implica la producción de un bien, y que quien produce o tiene la propiedad del mismo pueda excluir a los demás de su uso y de toda otra forma de aprovechamiento.

Se comprende así la importancia que tienen las patentes derivadas de descubrimientos científicos y avances tecnológicos. Es la forma de remunerar esas tareas e impulsar su desarrollo. Todas las formas de propiedad intelectual constituyen un factor de estímulo económico para las labores creativas, que están en la base del progreso social y de las mejoras en las condiciones de vida.

Los costos no incluidos en los cálculos de las empresas, es decir los efectos externos negativos, merecen, habitualmente, la consideración de la academia y de los medios de comunicación. No ocurre lo mismo con los múltiples efectos externos positivos que trae consigo la actividad empresarial. Más adelante ejemplificaremos esta afirmación.

No debe sorprender la existencia de múltiples efectos no buscados de las decisiones económicas, si se miran las cosas desde un ángulo antropológico más amplio. Es imposible el desarrollo de la persona y, aun más, que alcance  su plenitud, fuera de la vida social. De la natural interrelación de los individuos surge los elementos que contribuyen al bien de la persona o a su daño. Si bien nadie niega esta realidad en el campo de la ciencia, o en el de la educación, en el del lenguaje y en el de la amistad, no siempre se ha sacado consecuencias sustantivas de esta realidad para la vida económica.

La importancia de los efectos externos en cada tipo de actividad económica es un tema empírico y su significación ha de ser analizada o considerada en cada caso. No es conveniente plantearlos en términos ideológicos.

Esta riqueza de los efectos sociales que se siguen a todas las conductas permite resaltar el rol medular de la cooperación. Es probable que la importancia que tienen las condiciones competitivas de los mercados para un funcionamiento eficiente de los mismos y para una vida social donde no se abuse del poder, haya contribuido a perder de vista que la competencia en los mercados es un buen instrumento para lograr la cooperación social y que ésta antecede a la existencia del mercado.

La competencia entre empresas nunca es absoluta ya que coincide con ámbitos de cooperación. La Cámara Nacional del Comercio en Uruguay tiene más de 90 gremiales y centros comerciales departamentales, agrupadas según similares intereses mercantiles. La Cámara de Industrias agrupa a más de 60 gremiales, de acuerdo a las semejanzas industriales de sus socios. En ambos casos, el estudio y actuación conjunta en torno al régimen tributario y las regulaciones por parte del Estado, los sistemas de reconocimiento de los estándares de calidad, el intercambio de información sobre los buenos y malos pagadores, los estudios estadísticos sobre el propio sector así como la defensa de la imagen pública de su campo específico de actividad, son actividades que implican cooperación entre quienes compiten por vender sus productos y servicios a los mismos clientes.
Cooperación y competencia


Los seres humanos son los animales que nacen más indigentes[3]. El entorno familiar y las ayudas recibidas son, no solo condición de supervivencia material sino exigencia imprescindible para todos los aspectos de la educación. Una de las primeras ayudas es la adquisición del lenguaje, sin el cual es difícil distinguir a los hombres del resto de la naturaleza. Una muestra de la importancia de la educación para los seres humanos esta dada por la triste experiencia de los niños ferinos[4]. Pero también en la dimensión económica de la vida social y humana cabe hacer consideraciones similares.

Adam Smith, considerado el fundador de la ciencia económica, inicia su estudio sobre el origen y las causas de la riqueza de las naciones, considerando la importancia fundamental de la división del trabajo[5]. A nadie escapa que, si cada individuo debiera cultivar la tierra y criar los animales con cuyos frutos elaborar los alimentos, el vestido, la vivienda y el medio de transporte, así como construir un ordenador personal y desarrollar el software adecuado para su funcionamiento, esa persona habría salido del tiempo de las cavernas.

Con demasiada facilidad y ligereza se olvida que todos los medios técnicos de que se dispone y la cultura en la que se vive, son el fruto del esfuerzo y de la experiencia de innumerables generaciones, así como las futuras dependerán en parte de lo que lleve a cabo la presente. A su vez, a poco que se analice el origen de los bienes y servicios que se utilizan se percibirá la compleja interrelación humana y social que implican. Supone  cortedad intelectual considerar esos logros sociales como un dato y no sentir responsabilidad sobre su mantenimiento y progreso. Considerar que no pertenece al individuo ninguna cuota de responsabilidad y que debe abandonarse a la suerte de un colectivo que lo desborda totalmente, es impropio de la dignidad intelectual y moral del hombre.

El progreso humano implica cooperación, lo que todo antropólogo o filósofo social toma como punto de partida, sea que lo considere como un aspecto consustancial a la vida humana o como un fruto de un contrato hecho por conveniencia y que pudo o no haberse realizado.

No es necesario, en una óptica antropológica, la demostración formal de las ventajas de la cooperación para la vida social, y concretamente económica, tal como lo plantea Axelrod[6].

La competencia en los mercados es un eficaz instrumento al servicio de la cooperación. De ahí, la insistencia de algunos autores, en que la economía de mercado es una parte de la economía política. No es posible la actividad regular de los mercados que permite su estudio, sin la creación de un bien público imprescindible como es el Derecho, es decir, sin un orden jurídico eficaz. Y cabe agregar la necesidad prioritaria de la misma existencia política de la sociedad organizada[7].

Este artículo intenta centrarse en los factores de cooperación en la óptica de la empresa. No nos referiremos a las razones de la cooperación que es la existencia misma de la empresa, aunque sean de mucho interés los planteos de Williamson sobre los motivos que llevan a sacar del mercado algunas transacciones e incorporarlas a una estructura jerárquica de monitoreo y control[8]. Vamos a referirnos a las múltiples economías externas positivas que genera la actividad empresarial y a la importancia decisiva que tienen en los procesos de crecimiento económico. Mencionaremos un par de ejemplos.

Internet

Toda la información disponible en Internet constituye un capital inmenso, no solo para la academia sino también para el mundo de los negocios, el marketing y el turismo. Su crecimiento ha sido espectacular, así como la dimensión que ha alcanzado en muy pocos años. Ese capital ha sido posible por una actitud abierta y cooperativa, sobre todo en los ambientes universitarios. Es muy de destacar y apreciar estas actitudes en sus primeros momentos. La voluntad de cooperar con lo que se tenía, aunque implicara en muchos casos perder la exclusividad de la información, ha hecho posible que todos o al menos muchos, dispongan de un capital especialmente importante en el mundo actual. Esto es importante por dos razones principales. En primer término, porque se ha dicho con razón que vivimos en la sociedad del conocimiento, no solo en términos de que éste condiciona todas las formas de vida, sino que el conocimiento es considerado como un  factor de producción cada vez más prioritario. En segundo lugar, porque es un capital del que pueden usufructuar y disponer todos los países de la tierra, cualquiera sea su grado de desarrollo relativo, en una medida mucho mayor a lo que ocurre con otros capitales o recursos de los que dispone la Humanidad.


Infraestructura en el Sector Rural

La forma en que se enfrentan en el sector rural del Uruguay algunas insuficiencias de infraestructura, tales como los caminos vecinales y la electrificación, muestra claramente algunos problemas que plantea la vida social. Asimismo, deja patentes la necesidad de cooperación, la generación de externalidades y la importancia de que haya líderes que carguen con el esfuerzo de las gestiones y con el hecho de que se van a beneficiar muchos que han optado por no incurrir en los costos.

Así ocurre también cuando se reúnen algunos vecinos que acuerdan costear la reparación de un camino o la inversión necesaria para el tendido eléctrico en una zona virgen. Es probable que otros habitantes del lugar aduzcan que se encuentran con dificultades financieras, cuando en realidad eso no es cierto y están además seguros de que los impulsores seguirán adelante sin su cooperación. En realidad, estos últimos alientan el propósito de que una vez hecha la inversión y pasado cierto tiempo podrán a un costo menor acceder a la energía eléctrica. Esta recurrente situación suele denominarse en los estudios sobre acción colectiva como la existencia del parásito o “free rider”. Si el intento de evitar todo comportamiento oportunista es obsesivo, la iniciativa social desaparece y toda la estatura ética de la sociedad decae[9].

En la siguiente sección analizaremos algunas economías externas de singular interés para el progreso económico de países de menor desarrollo relativo.

Externalidades positivas de la actividad empresarial


El punto de partida de estas consideraciones es que el empresario no puede apropiarse de todos los beneficios económicos y sociales que derivan de su actividad empresarial, de modo que pueda incluirlos en su presupuesto financiero y económico con el que toma las decisiones. En algunos casos, el análisis debe tener un horizonte de mayor plazo, y considerar que la posibilidad de apropiación individual es sólo probable.

Los análisis sobre el desarrollo económico de Schumpeter hacen hincapié en el papel innovador del empresario, cuya novedad tiende a ser copiada por empresarios imitadores. De ese modo, los esfuerzos para diferenciarse y obtener una ventaja tienden a ser aprovechados por quienes lo sigan, sin necesidad de incurrir en costos similares[10].

Desarrollo de Mercados Potenciales

Uno de los factores de progreso es, sin duda, el desarrollo y profundización de los mercados. Los mercados no surgen espontáneamente cuando hay oferentes y demandantes ya que éstos pueden serlo solo potencialmente. El desarrollo de un mercado lleva tiempo e implica un cúmulo de normas escritas y no escritas, formas de comportamiento y  conocimiento de los demás actores. Desarrollar un mercado tiene un costo para todos los actores iniciales, y una vez consolidado favorece a todos los actores que se incorporan. Una de las limitaciones de los países de menor desarrollo relativo es, precisamente, la inexistencia o el insuficiente desarrollo de los mercados, tanto en el comercio de bienes y servicios como en la movilización del capital. Los empresarios llegarían más lejos en su contribución al desarrollo si tomaran en cuenta esa tarea de inversión – para sí y para la economía en su conjunto -, que implica el desarrollo de los mercados. Es conveniente para el conjunto de empresarios del sector cooperar en el desarrollo de los mercados, porque se consigue mejores resultados con un entorno favorable a los negocios y mercados más fluidos.

El esfuerzo y el tiempo que implican desarrollar un mercado puede advertirse en los mercados de crédito. Estos exigen por parte de los prestamistas no solo el estudio de proyectos, sino abundante información sobre la trayectoria personal de muchas personas, trayectoria que revela el carácter de las mismas y la cultura de sus empresas, su confiabilidad, su  respuesta comprobada ante las dificultades y su tenacidad. Un mercado desarrollado es un capital social y económico muy valioso, cuyo desarrollo exige tiempo e implica un conocimiento de las personas que no puede sustituirse con un estudio “técnico” de los proyectos. Este tipo de mercado constituye una muestra  de que no es mero fruto de la existencia de agentes que quieran comprar un bien o servicio y de otros que los provean, sino que ha de ser desarrollado inteligentemente por estos agentes.

Merece una consideración la importancia del comercio exterior  para los países de menor desarrollo relativo. Estos se caracterizan por vender al exterior unos pocos productos, en general “commodities” con escaso valor agregado. Los innovadores que dan a conocer no solo los productos del país sino al mismo país, e imponen una marca, asumen unos costos que beneficiarán a los imitadores. Este ejemplo pone de manifiesto un campo muy claro en el que la cooperación entre empresarios competidores implica no solo un beneficio o provecho directo para ellos, sino un beneficio colectivo que no pueden incluir en sus cálculos económicos[11].

El progreso tecnológico como fuente de crecimiento

En la literatura sobre el crecimiento hay abundantes estudios sobre sus fuentes. Tanto el capital físico como el capital humano constituyen los dos factores de producción básicos cuya contribución se suele analizar. Se puede afirmar, que la evidencia internacional muestra que más allá del aumento del capital físico de que se disponga y de las mejoras en el capital humano, hay factores como el progreso tecnológico que juegan un papel importante. La misma inversión física que incorpora nuevas tecnologías genera un aprendizaje en la empresa que la realiza, “learning by doing”, que tiende luego a propagarse por el resto de la economía como desbordamiento del conocimiento, “knowledge spillovers”[12]. Esta mejora en los rendimientos de otras empresas que no han pagado por ese progreso tecnológico es una manifestación de externalidades positivas, característico de un proceso de crecimiento dinámico.

Este desbordamiento se produce de muchas maneras. En muchos casos por imitación y copia y en otros por natural circulación de personal operativo y directivo entre las empresas. Esta característica del capital humano hace que la falta de un espíritu cooperativo por parte de los empresarios perjudique al conjunto. Más aun que una mejora en la capacitación de las personas, que significa siempre un crecimiento personal y el aumento de sus ingresos, es conveniente que las empresas enfrenten ese problema como su contribución a la formación de un capital colectivo que es necesario desarrollar. Este capital beneficiará a todos y se logrará una actitud cooperativa. Las empresas así orientadas contribuirán a la formación del personal, evitando las nocivas consecuencias de una actitud de prevención excesiva de comportamientos oportunistas o parasitarios.

Esta beneficiosa dispersión del progreso tecnológico por toda la economía obedece al carácter no rival de la tecnología. Ésta, por naturaleza,  puede ser usada por muchos a la vez sin mengua de su eficacia. Más aún, si la  experiencia es mayor pasa a ser esta tecnología. Buena parte del progreso tecnológico no es excluible, ya no se puede asimilar a procesos mecánicos o químicos patentables, sino que implica formas de organización del trabajo, nuevos hábitos y conocimientos, tanto por parte del personal directivo como del operativo. A veces la empresa innovadora genera nuevas formas de distribución o de relacionamiento con clientes o proveedores, que pueden ser fácilmente imitables.


El papel de la familia en la generación de capital social

“Mutatis mutandi”, se debe aplicar a la empresa lo que afirmó de la familia el Profesor Gary Becker ,premio Nobel de Economía, en la conferencia pronunciada en la Universidad de Montevideo el 16 de noviembre de 2002: “La familia juega un importante rol en la enseñanza de los niños, en la inversión en capital humano de sus hijos, en la formación de las actitudes y valores de sus hijos, que son cruciales para su óptimo desarrollo. Cuando hablo de inversiones me refiero al capital humano, un tema que ha sido de largo interés por mi parte. Publiqué ni primer paper sobre inversión en capital humano en 1960, hace más de 40 años. La familia es responsable por la mayor parte  del capital humano de los jóvenes. No es la única fuente, ya que me referiré enseguida a la escuela, que es claramente importante también, pero la importancia de la familia es crucial. Las familias los cuidan desde su nacimiento y muchos psicólogos y biólogos hablan incluso ahora de la gran influencia de la madre con anterioridad al nacimiento, en la nutrición y en otros aspectos[13].

Actitud empresarial hacia el progreso social

Tiene efectos especialmente importantes en los países de menor desarrollo relativo que los empresarios incluyan en su cálculo económico todas las consecuencias beneficiosas que implica su actividad. Estas son a veces una contribución a un clima de progreso favorable a los negocios; en otros casos sus esfuerzos significarán un impulso al desarrollo de los mercados y a la calificación de la mano de obra. De todas estas mejoras de capital social, el mismo empresario que las impulsó puede beneficiarse, al menos con razonable probabilidad. En otros casos ha de ser la consideración del progreso del país, de la ciudad, del área económica, de los conciudadanos, los factores que inclinarán la balanza a llevar a cabo nuevas tareas, cuando el esfuerzo y la fatiga pesen especialmente o cuando las certezas sobre las posibilidad de apropiarse de los  todos los beneficios de su actividad no resulten nítidos.

Sensibilidad ética y responsabilidad social


Tienden a verse las exigencias éticas como criterios de racionalidad y de valoración ajenos al natural desarrollo de la vida social y económica, pleno de especificidades técnicas y  perentoriedades temporales. La conciencia ética implica, en cambio, la correcta visión de la realidad de las cosas y de todos los aspectos de la vida social. El fundamento de los reclamos éticos de la vida social es la radical necesidad que tenemos los hombres unos de otros. La dignidad de la persona y su desarrollo exigen un entorno y una serie de bienes, sin los cuales es especialmente palpable no solo la imposibilidad de un buen crecimiento sino las mismas posibilidades, muy ciertas por desgracia, de degradación humana. Ese conjunto de condiciones que permiten y facilitan a todos un desarrollo verdaderamente humano es lo que se denomina bien común.

La consideración de las consecuencias buenas y malas de los actos humanos en la vida familiar y social es una constante de todas las culturas y  de todas las épocas. Esta conciencia moral es el fundamento de toda las elaboraciones éticas.

Un análisis ético de la vida social es imprescindible para la propia supervivencia de la sociedad. Su conservación no está asegurada por su propia naturaleza, como nos enseña la triste experiencia del siglo XX. El profesor  Leonardo Polo ha afirmado que el conectivo social es la ética, es decir, la fuente de la armonía social, de la consistencia de la vida social hay que buscarla en la  valoración ética, en su racionalidad[14].

No se trata solamente de considerar lo que cada persona deba recibir, esto es, su participación o apropiación personal o privada del bien común social, sino de la radical importancia que tiene para el desarrollo de una persona su contribución al bien común. Es muy tosco reducir el progreso de las personas al crecimiento biológico y psicológico obtenido por alimentación o incorporación de objetos o conocimientos. El hombre crece como persona por la comunicación o don a otras personas, por su contribución al bien común.[15]

El caso de la familia es paradigmático. La dignidad de la madre crece con su entrega al hijo y mide su propio progreso por el desarrollo que alcanzan ellos. Si bien esta comunidad de personas es una de las más fuertes en la vida humana, también cabe hacer consideraciones similares en otras dimensiones de la vida social. Así, la veneración hacia los conductores políticos que son auténticos servidores públicos se grava fuertemente en la memoria colectiva. De igual modo, un proceso de comunicación especialmente consistente y duradero se da en las relaciones entre los educadores y los jóvenes, más fuertes cuanto más jóvenes son los educandos.

Conclusiones

Hay sobradas razones para resaltar la importancia de los empresarios como factores de progreso económico y social y como generadores de riqueza y empleo. Ellos impulsan los cambios tecnológicos y toda mejora de la calidad del trabajo humano, y son los gestores naturales de los necesarios procesos de cooperación y organización que hacen al núcleo del progreso social. Las cualidades de carácter, la educación y las circunstancias históricas que deben vivir los constituyen en responsables de muchos aspectos de la vida económica y también social.

Cabe preguntarse si las respuestas de los empresarios a las responsabilidades mencionadas comportan virtudes como la magnanimidad y la solidaridad, o son respuestas racionales a la búsqueda del propio provecho o conveniencia o supervivencia, analizadas con una perspectiva de racionalidad de largo plazo. Pero, sin duda, estas cualidades empresariales son de especial relieve para generar el desarrollo económico en los países de menor crecimiento relativo.




[1] Cfr. Sala i Martin, Xavier,  Apuntes de crecimiento económico. Ed. Antoni Bosch. Barcelona, 2002.
[2] Cfr. Bucacos Elizabeth, Fuentes de crecimiento económico en Uruguay 1960-1997. Jornadas de Economía del Banco Central del Uruguay, 1998; De Brun, Julio, Liberalización comercial y financiera en Uruguay. Sus efectos sobre las fuentes de crecimiento. Jornadas de Economía del Banco Central del Uruguay,2000; Noya Nelson, Pereira Marcelo y Prieto Gerardo, Crecimiento y capital humano en Uruguay: 1940-1999, Jornadas de Economía del Banco Central del uruguay, 2003.
[3] Yepes Stork, Ricardo y Aranguren Echevarría, Javier, Fundamentos de Antropología. EUNSA. Pamplona, 1998. Ver cap.1
[4] Barrio, José y Fullat, Octavio, Filosofía. Vicens Vives, Barcelona, 1996,  pag.145
[5] Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776.
[6] Axelrod Robert, The Evolution of Co-operation, 1984
[7] cfr. Pérez de Ayala, José Luis, Introducción a una teoría pura de la economía política. Editorial de Derecho Financiero, Madrid, 1976.
[8] Williamson Oliver E., Markets and Hierarchies, The Free Press, New York, 1975 y The Economic Institutions of Capitalism, The Free Press, New York, 1985
[9] Cfr. Regent, Pablo y Veiga Leonardo, La Cultura y Los incentivos Implícitos. Revista del IEEM, Universidad de Montevideo, Año VI, número 1, Abril 2003, pag.19.
[10] Cfr. Schumpeter Joseph A., The Theory of Economic Development, Cambridge, 1934.
[11] Abó I. José, “Uruguay natural” produce transgénicos. Revista del IEEM, Universidad de Montevideo, Año VI, número 1- Abril 2003, pag. 9
[12] Barro, Robert J. y Sala-i-Martin Xavier, Economic Growth, The MIT Press 1999, Cambridge,pag.146
[13] Becker, Gary. Human capital, conferencia pronunciada en la Facultad de Ciencias empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo. Revista de la Facultad, Año 1(2002), número 1 (nuestra traducción)
[14] Cfr. Polo, Leonardo, Quién es el hombre. EUNSA. RIALP. Madrid, 1991
[15] Cfr. Polo, Leonardo, Sobre la existencia cristiana. EUNSA. Pamplona. 1996

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