Más allá de las dificultades de la crisis del 2002, el país comienza a
mostrar en la última década muchos cambios similares a los que vivió en la
segunda mitad del siglo XIX. En esos años se produjo una verdadera eclosión
económica, impulsada por importantes inversiones inglesas, que generaron las
condiciones para la inmigración, sobre todo italiana y española.
Hacia 1850, con el impulso del liderazgo inglés, se incorporan decididamente
a la Revolución Industrial Francia, Alemania y los Estados Unidos. Eso trajo
consigo la mayor demanda de lana y de carne, y surgió el cuidado del lanar,
el mestizaje del vacuno, los ferrocarriles, el telégrafo, el agua corriente…
Cuando a fines del siglo XIX surge el buque frigorífico, el país atrajo
también a esas importantes industrias. Fueron también los buenos tiempos
iniciales del trigo de la pampa argentina.
Desde los años setenta de ese siglo, crecen a un importante ritmo tanto la
escuela pública como la privada, progresa la enseñanza secundaria y nacen
muchas de las Facultades de la Universidad de la República. Uruguay podía
producir lo que el mundo necesitaba. Así vinieron los inversores que trajeron
el capital, la tecnología, el espíritu de trabajo y emprendimiento. Confiaron
en el país y se asistió a un entusiasmo colectivo que luego disminuye conforme
avanza el siglo XX.
Durante buena parte del recientemente pasado siglo Uruguay vivió un letargo
prolongado, ayuno de inversores extranjeras que lo insertaran en la economía
mundial. Por muchas razones no se dieron las circunstancias para que inversiones
llegaran al país.
Las empresas y capitales que en forma creciente están llegando ahora al país
muestran que Uruguay vuelve a ser un potencial proveedor de lo que el mercado
mundial necesita. La forestación ha iniciado una revolución que recién se
asoma. El crecimiento de las exportaciones con valor agregado y la
descentralización territorial que esa actividad está llamada a impulsar es un hecho inédito en la historia del país.
China, en el 2008, habrá multiplicado por 12 su PBI en los últimos 30
años y la demanda de alimentos de su gran población está detrás del buen
precio de la carne, de la soja, del trigo, de la leche y derivados. Y las
inversiones no cesan de afluir al país en esos ramos de actividades. Y esa
demanda seguirá dinamizando a Brasil y Argentina y hace crecer las
posibilidades para nuestros servicios logísticos, portuarios y turísticos.
Por si faltara algún factor más de atracción, por lo que la pradera uruguaya
puede producir, se hace cada vez más firme la decisión mundial de una apuesta
estratégica a los biocombustibles, como forma de disminuir la posibilidad de
extorsiones por parte de los países productores de petróleo, así como la
permanente preocupación por fuentes de energía renovables. Y eso explica
también los buenos precios del maíz y de la soja.
Es cierto que han emigrado muchas personas con buena preparación. Pero
eso ha sido posible porque la educación universitaria en Uruguay se ha
generalizado y se cuenta con un buen capital humano, que está esperando las
sinergias de un proceso de crecimiento inteligente, liderado por empresas de
primera línea, para transformarse en un formidable capital social. Un ejemplo
aislado, tal vez anecdótico, puede ser ilustrativo. En el año 1964 ingresaron
140 personas a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la
República. Hace tres décadas que comenzaron a ingresar en esa Facultad más de
1000 bachilleres y hoy son largamente más de 2.000 los que ingresan en esa
área en todo el sistema universitario del país.
Tenemos ahora muy presente el problema de que el dólar tiende siempre a
la baja, pero es la consecuencia de las abundantes inversiones que llegan al
país. Y no son inversiones financieras, que hoy están y mañana tal vez no.
Son inversiones industriales y agroindustriales que confían en el país, en su
futuro, en sus posibilidades.
Lo que es claro es que durante buena parte del siglo XX no ingresaron
inversiones extranjeras al país. Inversiones que trajeran mercados,
tecnología y modernización. Las que hicieron el país en la segunda mitad del
siglo XIX.
No es casualidad que todos los días haya noticias sobre inversores
extranjeros que llegan al país. Es que ven posibilidades y decidan arriesgar
montos muy importantes trayendo modos de trabajar, tecnología de punta,
mercados y una clara vocación de fortalecimiento de las cadenas productivas.
Los que estamos debemos aprovechar el momento. Todo indica que este último
quinquenio de crecimiento mundial puede ser un período de algunas décadas . |
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