lunes, 28 de enero de 2013

¿El nuevo despegue de Uruguay?

Publicado en Sócrates, IEEM. Universidad de Montevideo, 17/8/2007

Para entender las oportunidades de despegue económico para el país que presenta el futuro cercano, hay que entender la historia de Uruguay respecto a inversiones, capitales extranjeros, y la economía en general.
Más allá de las dificultades de la crisis del 2002, el país comienza a mostrar en la última década muchos cambios similares a los que vivió en la segunda mitad del siglo XIX. En esos años se produjo una verdadera eclosión económica, impulsada por importantes inversiones inglesas, que generaron las condiciones para la inmigración, sobre todo italiana y española.


Hacia 1850, con el impulso del liderazgo inglés, se incorporan decididamente a la Revolución Industrial Francia, Alemania y los Estados Unidos. Eso trajo consigo la mayor demanda de lana y de carne, y surgió el cuidado del lanar, el mestizaje del vacuno, los ferrocarriles, el telégrafo, el agua corriente… Cuando a fines del siglo XIX surge el buque frigorífico, el país atrajo también a esas importantes industrias. Fueron también los buenos tiempos iniciales del trigo de la pampa argentina.

Desde los años setenta de ese siglo, crecen a un importante ritmo tanto la escuela pública como la privada, progresa la enseñanza secundaria y nacen muchas de las Facultades de la Universidad de la República. Uruguay podía producir lo que el mundo necesitaba. Así vinieron los inversores que trajeron el capital, la tecnología, el espíritu de trabajo y emprendimiento. Confiaron en el país y se asistió a un entusiasmo colectivo que luego disminuye conforme avanza el siglo XX.

Durante buena parte del recientemente pasado siglo Uruguay vivió un letargo prolongado, ayuno de inversores extranjeras que lo insertaran en la economía mundial. Por muchas razones no se dieron las circunstancias para que inversiones llegaran al país.

Las empresas y capitales que en forma creciente están llegando ahora al país muestran que Uruguay vuelve a ser un potencial proveedor de lo que el mercado mundial necesita. La forestación ha iniciado una revolución que recién se asoma. El crecimiento de las exportaciones con valor agregado y la descentralización territorial que esa actividad está 
llamada a impulsar es un hecho inédito en la historia del país.

China, en el 2008, habrá  multiplicado por 12 su PBI en los últimos 30 años y la demanda de alimentos de su gran población está detrás del buen precio de la carne, de la soja, del trigo, de la leche y derivados. Y las inversiones no cesan de afluir al país en esos ramos de actividades. Y esa demanda seguirá dinamizando a Brasil y Argentina y hace crecer las  posibilidades para nuestros servicios logísticos, portuarios y turísticos.

Por si faltara algún factor más de atracción, por lo que la pradera uruguaya puede producir, se hace cada vez más firme la decisión mundial de una apuesta estratégica a los biocombustibles, como forma de disminuir la posibilidad de extorsiones por parte de los países productores de petróleo, así como la permanente preocupación por fuentes de energía renovables. Y eso explica también los buenos precios del maíz y de la soja.

Es cierto que han emigrado muchas personas con buena preparación.  Pero eso ha sido posible porque la educación universitaria en Uruguay se ha generalizado y se cuenta con un buen capital humano, que está esperando las sinergias de un proceso de crecimiento inteligente, liderado por empresas de primera línea, para transformarse en un formidable capital social. Un ejemplo aislado, tal vez anecdótico, puede ser ilustrativo. En el año 1964 ingresaron 140 personas a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. Hace tres décadas que comenzaron a ingresar en esa Facultad más de 1000 bachilleres y hoy son largamente más de 2.000 los que ingresan en esa área en todo el sistema universitario del país.

Tenemos ahora muy presente el problema de que el dólar tiende  siempre a la baja, pero es la consecuencia de las abundantes inversiones que llegan al país. Y no son inversiones financieras, que hoy están y mañana tal vez no. Son inversiones industriales y agroindustriales que confían en el país, en su futuro, en sus posibilidades.

Lo que es claro es que durante buena parte del siglo XX no ingresaron inversiones extranjeras al país. Inversiones que trajeran mercados, tecnología y modernización. Las que hicieron el país en la segunda mitad del siglo XIX.

No es casualidad que todos los días haya noticias sobre inversores extranjeros que llegan al país. Es que ven posibilidades y decidan arriesgar montos muy importantes trayendo modos de trabajar, tecnología de punta, mercados y una clara vocación de fortalecimiento de las cadenas productivas. Los que estamos debemos aprovechar el momento. Todo indica que este último quinquenio de crecimiento mundial puede ser un período de algunas décadas
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