La crisis financiera iniciada en el 2007 tiene aún un desenlace incierto, lleno de temores y dudas. Solo sabemos que América Latina crece, que China, India y otras naciones asiáticas crecen, y que también algunos países europeos crecen, como es el caso de Alemania. También se teme que la bonanza de nuestros países dure poco y se espera como clave del futuro la decisión sobre Grecia.
Como punto
de partida hay que considerar que los Estados Unidos han tenido en las últimas
décadas un fuerte déficit de cuenta corriente y una expansión financiera
importante. Las desregulaciones del sistema financiera llevadas adelante por
Alan Greenspan trajeron la burbuja hipotecaria entre otras burbujas de
acciones y activos financieros.
También
varios países europeos, considerados hoy culpables, han gastado más de lo que
producen durante varios años. La burbuja inmobiliaria en España fue
emblemática. Se comparaban apartamentos con créditos a 40 años y bajas tasas de
interés, de modo que la cuota era inferior a un alquiler. Había sin duda un
exceso de crédito.
Hace años
que se sabe que el monto de activos financieros que rondan el mundo es enorme.
Los instrumentos emitidos en el año 2003 alcanzaron a los 35 billones de
dólares, lo que significó tres veces el PBI americano. El valor transado total
en las Bolsas del mundo en ese mismo año alcanzó los 900 billones de dólares,
esto es, 15 veces el PBI mundial.
¿Cómo es
posible llegar emitir tantos valores, o registros de archivos informáticos que
tienen como respaldo otros valores? Es
útil recordar el ejemplo del primer curso académico sobre la creación de dinero
por parte de los bancos. El Gerente otorga un crédito a su cliente, éste firma
un vale que el gerente guarda. En
contrapartida el gerente deposita en la cuenta corriente del cliente un monto
de dinero, contra el que el cliente puede girar cheques. Hay un dinero, una
liquidez, que antes no había. Las normas sobre cuánto crédito puede dar el
banco y cuantos billetes tiene que guardar en sus cofres permiten regular la
cantidad de liquidez. Liquidez y dinero son muy importantes para que funcione
la economía, son medios de pago y contribuyen a la eficiencia de los mercados
que conectan el ahorro y la inversión. Pero no son la única fuente de progreso.
Una forma de
medir el crecimiento de los bancos y otras instituciones financieras en Estados
Unidos en los últimos tiempos es observar cuánto representan sus utilidades en las utilidades totales de las empresas americanas. Simon Johnson , ex economista jefe
del FMI afirmó en el año 2009: «de 1973 a
1985, el sector financiero nunca obtuvo más del 16% de las utilidades
empresariales totales del país». En 1986 fue el 19%. En los noventa, oscila entre 21% y
30%. «En la década actual, llegó al 41».
Cuando
el volumen de activos financieros es tan elevado respecto a la riqueza total
que responde por la producción total de bienes y servicios, tenemos una
pirámide invertida, inestable. Los problemas de confianza producen efectos
devastadores, sobre todo cuando se comprobó la irresponsabilidad con que
algunas instituciones colocaban valores
que tenían como soporte activos tóxicos - hipotecas con escaso valor.
En
Estados Unidos se salió adelante con una emisión y una enorme disponibilidad de
fondos en la Reserva Federal disponible
para las instituciones financieras, de modo que éstas no quebraran, salvo Lehman Brothers, la cual
no se sabe exactamente por qué quebró. Como el mundo entero tiene reservas en
títulos americanos y en billetes dólares el impacto de esta solución será
progresivo.
¿Qué
pasará en Europa? Parece improbable que
una política dura, tal como el patrón oro del siglo XIX, logre imponerse. Son
otros tiempos, nadie se siente responsable y si Estados Unidos emite, Europa
emitirá, cualquiera sea la forma con que se llame al apoyo a otorgar a los
bancos quebrados y los países insolventes. Es la única forma de no romper
enseguida la unión monetaria aunque mucho le pese, y con razón, a Alemania.
Por
esas razones, las monedas de Europa y los Estados Unidos tenderán a perder
valor, los bienes y los activos tendrán mayores precios en esas monedas. Si ese
aumento de precios demora en manifestarse es por la alta desconfianza, por las
lógicas dificultades para aumentar el crédito. Cuando vuelva la confianza sobre
la marcha de la economía y de las finanzas, habremos asistido a una devaluación
global. De ese modo se habrán licuado las deudas en esas monedas y se habrán
empobrecido los que tienen reservas en dólares y títulos americanos que son
China y los países emergentes. Según datos del FMI hace 15 años que los países
de menor desarrollo relativo tienen crecientes colocaciones en los países de
mayor riqueza.
Es probable
que estas crisis periódicas con importantes transferencias de riqueza sean
inevitables. Recuerdan el año jubilar bíblico según el que, cada 50 años, todas
las deudas eran perdonadas, de modo de poner en evidencia la igualdad
fundamental de las personas y el reconocimiento de que todos los bienes son
regalos de Dios. Pero es claro que todos los contratos en los años anteriores
al año jubilar tomaban en cuenta esa norma. Quizá las transferencias
compulsivas de riqueza actuales sean inevitables, pero también es claro que en
los tiempos bíblicos había mejor información.
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