lunes, 28 de enero de 2013

Devaluación global

Publicdo en El Observador. Montevideo, 14/6/2012

La crisis financiera iniciada en el 2007  tiene aún un desenlace incierto, lleno de temores y dudas. Solo sabemos que América Latina crece, que China, India y otras naciones asiáticas crecen, y que también algunos países europeos crecen, como es el caso de   Alemania. También se teme que la bonanza de nuestros países dure poco y se espera como clave del futuro la decisión sobre Grecia.
Como punto de partida hay que considerar que los Estados Unidos han tenido en las últimas décadas un fuerte déficit de cuenta corriente y una expansión financiera importante. Las desregulaciones del sistema financiera llevadas adelante por Alan  Greenspan trajeron  la burbuja hipotecaria entre otras burbujas de acciones y activos financieros.
También varios países europeos, considerados hoy culpables, han gastado más de lo que producen durante varios años. La burbuja inmobiliaria en España fue emblemática. Se comparaban apartamentos con créditos a 40 años y bajas tasas de interés, de modo que la cuota era inferior a un alquiler. Había sin duda un exceso de crédito.
Hace años que se sabe que el monto de activos financieros que rondan el mundo es enorme. Los instrumentos emitidos en el año 2003 alcanzaron a los 35 billones de dólares, lo que significó tres veces el PBI americano. El valor transado total en las Bolsas del mundo en ese mismo año alcanzó los 900 billones de dólares, esto es, 15 veces el PBI mundial.
¿Cómo es posible llegar emitir tantos valores, o registros de archivos informáticos que tienen como respaldo otros valores?  Es útil recordar el ejemplo del primer curso académico sobre la creación de dinero por parte de los bancos. El Gerente otorga un crédito a su cliente, éste firma un vale que el gerente guarda.  En contrapartida el gerente deposita en la cuenta corriente del cliente un monto de dinero, contra el que el cliente puede girar cheques. Hay un dinero, una liquidez, que antes no había. Las normas sobre cuánto crédito puede dar el banco y cuantos billetes tiene que guardar en sus cofres permiten regular la cantidad de liquidez. Liquidez y dinero son muy importantes para que funcione la economía, son medios de pago y contribuyen a la eficiencia de los mercados que conectan el ahorro y la inversión. Pero no son la única fuente de progreso.
Una forma de medir el crecimiento de los bancos y otras instituciones financieras en Estados Unidos en los últimos tiempos es observar cuánto representan sus utilidades  en las utilidades totales de las empresas  americanas. Simon Johnson , ex economista jefe del FMI afirmó en el año 2009:   «de 1973 a 1985, el sector financiero nunca obtuvo más del 16% de las utilidades empresariales totales del país». En 1986 fue el  19%. En los noventa, oscila entre 21% y 30%. «En la década actual, llegó al 41».
Cuando el volumen de activos financieros es tan elevado respecto a la riqueza total que responde por la producción total de bienes y servicios, tenemos una pirámide invertida, inestable. Los problemas de confianza producen efectos devastadores, sobre todo cuando se comprobó la irresponsabilidad con que algunas instituciones  colocaban valores que tenían como soporte activos tóxicos - hipotecas con escaso valor.
En Estados Unidos se salió adelante con una emisión y una enorme disponibilidad de fondos en la Reserva  Federal disponible para las instituciones financieras, de modo que éstas  no quebraran, salvo Lehman Brothers, la cual no se sabe exactamente por qué quebró. Como el mundo entero tiene reservas en títulos americanos y en billetes dólares el impacto de esta solución será progresivo.
¿Qué pasará en Europa? Parece improbable  que una política dura, tal como el patrón oro del siglo XIX, logre imponerse. Son otros tiempos, nadie se siente responsable y si Estados Unidos emite, Europa emitirá, cualquiera sea la forma con que se llame al apoyo a otorgar a los bancos quebrados y los países insolventes. Es la única forma de no romper enseguida la unión monetaria aunque mucho le pese, y con razón, a Alemania.
Por esas razones, las monedas de Europa y los Estados Unidos tenderán a perder valor, los bienes y los activos tendrán mayores precios en esas monedas. Si ese aumento de precios demora en manifestarse es por la alta desconfianza, por las lógicas dificultades para aumentar el crédito. Cuando vuelva la confianza sobre la marcha de la economía y de las finanzas, habremos asistido a una devaluación global. De ese modo se habrán licuado las deudas en esas monedas y se habrán empobrecido los que tienen reservas en dólares y títulos americanos que son China y los países emergentes. Según datos del FMI hace 15 años que los países de menor desarrollo relativo tienen crecientes colocaciones en los países de mayor riqueza.
Es probable que estas crisis periódicas con importantes transferencias de riqueza sean inevitables. Recuerdan el año jubilar bíblico según el que, cada 50 años, todas las deudas eran perdonadas, de modo de poner en evidencia la igualdad fundamental de las personas y el reconocimiento de que todos los bienes son regalos de Dios. Pero es claro que todos los contratos en los años anteriores al año jubilar tomaban en cuenta esa norma. Quizá las transferencias compulsivas de riqueza actuales sean inevitables, pero también es claro que en los tiempos bíblicos había mejor información.

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