Los altos
precios internacionales de las commodities contribuyen a excelentes negocios en
el sector agrícola, lo que atrae a su vez las inversiones extranjeras al
sector. Ambas razones –buenos precios y muchas inversiones- generan una
importante entrada de dólares al país, lo que en parte explica que el dólar
esté planchado en menos de 20 pesos, cuando en años anteriores estuvo a 22, a
24, a 26 e incluso a 28.
Quienes
exportan productos con valor agregado, y
no gozan del boom de las commodities, se encuentran con que caen sus ingresos
en pesos, lo que deteriora la rentabilidad de sus empresas.
Simultáneamente,
quienes producen esas valiosas commodities están en condiciones de pagar por
servicios, salarios y materiales precios crecientes en pesos. En consecuencia,
quienes producen productos industriales se encuentran que decaen los pesos que
reciben por sus ventas a la vez que suben los volúmenes de pesos que deben
pagar por todos los insumos que necesitan para seguir produciendo.
Este
fenómeno es lo que se denomina “enfermedad holandesa”. Como toda enfermedad, es
posible que tenga una cura parcial, que no tenga ninguna cura o que haya
tratamientos que la agravan.
En el caso señalado
por El Telégrafo con fecha 1º de marzo, al referirse a Urupanel, empresa
situada en Tacuarembó y productora de paneles de madera, sobre todo para la
construcción de viviendas en Estados Unidos, es claro que su crisis es en alguna medida transitoria. No podemos olvidar que la
crisis de la economía americana se inicia en el año 2007 con la explosión de una burbuja inmobiliaria. En ese momento
de caída de la industria de la construcción americana, son muchas las empresas abastecedoras
en varias partes de América Latina que comienzan a tener dificultades.
Es
paradójico que, justamente ahora, cuando durante los últimos trimestres se
comienza a producir un repunte de la economía americana, se plantee el problema
financiero de Urupanel en forma tan dramática. La recuperación de la economía
norteamericana trae siempre una mejora de la construcción de casas en ese país.
Por tanto, se puede afirmar que los productores de paneles de madera tendrán en
el mediano plazo mejores precios. Tienen
estas empresas al menos un claro problema financiero y es ahora cuando los
acreedores deben saber esperar, sobre todo cuando los bancos no logran colocar
el dinero porque nadie toma créditos.
En el caso
señalado de Urupanel se está dando un error de diagnóstico de la enfermedad. En
muchos otros casos, en cambio, se están aplicando tratamientos que están
agravando la enfermedad. Porque muchas de las medidas y decisiones económicas
que se toman aumentan inútilmente los costos internos de las empresas,
transfiriendo recursos a sectores con mayor poder.
Nos
referimos a algunos sectores gremiales con sindicatos fuertes que no han
adquirido la experiencia necesaria. Cuando llevan a cabo demandas desmedidas
agravan la enfermedad holandesa, lo que perjudicará sin duda a las empresas industriales
no beneficiadas por el boom de las commodities, pero sobre todo tendrá graves
consecuencias para quienes trabajan en ellas. Será entonces esa desocupación un costo muy alto para que algunos sindicatos aprendan a ser más racionales, con una visión de más largo plazo. Porque uno de los
grandes capitales de un país es su capital social, es decir, la capacidad de
enfrentar y solucionar en forma mancomunada problemas comunes.
Hay otras
incomprensiones de la enfermedad holandesa que están llevando a una
transferencia de ingresos desde los sectores con bajos precios relativos en sus
ventas a empresas públicas y funcionarios públicos. Cuando parece que surge un
excedente fiscal no se piensa que esos
fondos podrían aplicarse a reducir las
tarifas de energía, el precio de los combustibles, o mejorar las rutas
nacionales y departamentales, así como a la deteriorada caminería rural. Los
buenos ingresos fiscales han sido la ocasión para que algunos organismos o funcionarios públicos
se alcen con el botín. Hace dos años se hizo público –con más significación de
imagen que económica- la adquisición de nuevas butacas para el paraninfo de la Universidad de la República en
los últimos días del año, aprovechando así fondos asignados presupuestalmente y
no gastados. Actuando de ese modo es imposible bajar el costo país.
Tanto no se
entiende la enfermedad holandesa, que se emplean tratamientos que la agravan.
¿Es tan difícil ver que algunos sectores tienen buena rentabilidad y que a
aquellos que pasan malos momentos se les agrava la situación con servicios
estatales ineficientes y caros, y con la impericia de algunos sindicatos
exaltados, que sólo ven que hay muchas inversiones en algunos sectores de
enorme volumen y que demandan mucha mano de obra, quizá transitoriamente? Desde
un nuevo ángulo, nuevamente son las corporaciones las que rigen en gran medida
los destinos del país, al menos en el largo plazo.
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