lunes, 28 de enero de 2013

Austeridad o crecimiento

Publicado en El Observador. Montevideo, 3/11/2012

Reiteradamente se ha planteado en los últimos dos años, con ocasión de la crisis europea, el dilema entre austeridad y crecimiento. Austeridad entendida como  recortes  fiscales y profundización de las exigencias de recapitalización de los bancos privados, como camino para enfrentar la enorme deuda pública y privada, fruto de un dispendioso gasto público y privado  y de la enorme expansión bancaria y financiera. En resumen, el Estado debe gastar menos, los salarios y beneficios sociales deben bajar y los bancos en problemas deben pagar sus excesos.

 La exigencia de recapitalización de los bancos es posible si los actuales accionistas entregan parte de las acciones a nuevos propietarios o, quienes ya están en el banco deberán traer dinero desde otros negocios. Pero deben pagar la factura. Una cosa es el apoyo momentáneo para evitar la cesación de pagos y otra diferente permitir que sigan adelante sin pérdidas patrimoniales ni las instituciones ni los accionistas.

Quienes apoyan la austeridad  afirman que una conducta expansiva consolida   la cultura del exceso de gasto público y la irresponsabilidad bancaria. Los problemas no serían enfrentados por los bancos o los gobiernos. Serán los futuros contribuyentes quieres se harán cargo de los excesos en el gasto y las futuras generaciones las que pagaran el menor crecimiento en el largo plazo.

  Quienes oponen austeridad a crecimiento, temen que esta austeridad implique una disminución de la demanda global y una contracción crediticia que prolongue la recesión y a esto se le llama detener el crecimiento porque el producto total de bienes y servicios volvería a caer. Sugieren continuar la expansión monetaria y financiera para no ahogar la economía, pero también para salvar los bancos.

Quienes apoyan la austeridad sostienen que el crecimiento es por el contrario  aumento de la productividad, esto es, aumento de la producción media por hora trabajada. El progreso tecnológico en todas sus formas, tan claro ahora cuando estamos asistiendo a la Tercera Revolución Industrial, es la base y el núcleo del crecimiento económico. No podemos llamar crecimiento o decrecimiento a la evolución del PBI durante algunos trimestres.

Por otra parte, desde siempre crecimiento y aumento de la productividad han estado asociados a inversión, es esto transformar el ahorro en un bien de capital. Entender que el ahorro es contrario al crecimiento es destruir las bases mismas del desarrollo capitalista y de todo tipo de desarrollo. Cuando Adam Smith sentó las bases del análisis económico moderno mostraba la frugalidad y la austeridad como virtudes básicas del capitalista.

En cuanto a la posibilidad de que la austeridad ahogue la economía es necesario hacerse cargo del temor, explicarlo y poder dejarlo de lado. Una cosa es evitar el colapso del sistema de pagos, generado por el pánico y la desconfianza, inyectando liquidez en todo el sistema bancario, y otra muy distinta es no ajustar los gastos cuando no se tiene ingresos. Los sistemas de pensiones, jubilaciones y los salarios deben caer en términos reales.

Los estudios de Milton Friedman permiten concluir que luego del crack del 24 de octubre del 29 y la cadena de quiebras consiguiente, la cantidad de dinero cayó significativamente. Este comportamiento de la autoridad monetario agravó un problema. Pero el colapso del 24 de octubre tuvo sus causas en los excesos de crédito de los años 20 y las indudables burbujas en Wall Street y en el mercado inmobiliario.

Un exceso de deuda trae consigo como única terapia posible la caída de los gastos reales. Ocurre con cualquier familia: si caen los ingresos y se tienen deudas hay que gastar menos. Sin duda que hay límites para cada sociedad y cada etapa de su historia  en alimentación, vivienda  salud y educación. Pero que haya límites no quiere decir que no haya rebajas.

Son varias las razones para este enfoque. La primera es que los procesos recesivos prolongados señalan que la oferta los millares de componentes de la oferta de bienes no se corresponden con sus demandas. Hay muchos desequilibrios.  La noción de demanda global –tan afín al pensamiento de Keynes-  es una abstracción; en realidad hay demanda y oferta de los millones de bienes y servicios que constituyen la actividad económica. Y lleva tiempo la reasignación de recursos –que es siempre un proceso dinámico y llevado adelante por millones de agentes, cada uno con su ‘set’ de información-, para que se retome la senda del crecimiento sostenido.

No es que la demanda global y la oferta global se iguales a un nivel de precios medido por el IPC o cierto índice de los precios mayoristas. Los procesos recesivos tienen más que ver  con que los diversísimos mercados de bienes y servicios no encuentran su equilibrio. Y debe hacer caídas que implicarán en algunos sectores pérdidas.

            Más difícil será volver al crecimiento, mientras los malos negocios hechos no acaben siendo dejados de lago, por inyecciones monetarias. Y la movilidad de la mano de obra y las inversiones son un proceso clave. En los 90 y en buena parte de la primera década del siglo XXI ha sido muy alto el porcentaje de personas que perdieron o cambiaron su empleo en Estados Unidos  y muy alta la creación de nuevos empleos en sectores dinámicos. Si se impide esa movilidad –son procesos empresariales, microeconómicos si se quiere-  se impide el crecimiento: no es la evolución de demanda agregada lo que determina el crecimiento.

La exigencia de capitalizar los bancos es decidirse a que finalmente el sistema financiero pague en parte los errores cometidos. Hay una razón de fondo para que los dueños o responsables de los bancos pierdan pié patrimonial o que los gobiernos se desprestigien. El boom de gasto público y privado que originó finalmente el estallido de las burbujas fue provocado por la ligereza o avidez de los gobiernos y las instituciones financieras. También en 1929 los ‘barómetros de Havard’ mostraban signos de un progreso indefinido.

            Leyendo las memorias de Alan Greenspan, escritas en el año 2007, se puede concluir que la política económica reducida al manejo de la cantidad de dinero y de las tasas de interés, o al manejo del gasto público y de los superávits o déficits fiscales, no explica los procesos de crecimiento y parece acentuar los ciclos económicos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario