lunes, 28 de enero de 2013

El euro no es el dólar



El presidente del Banco Central Europeo anunció el día 6 de septiembre que comprará el volumen necesario de bonos soberanos de los países de la Unión Europea para alejar todo temor de insolvencia de los estados y salvar al euro. Es un paso importante para afirmar la solidez política de la Unión Europea. En todos los países cuando una región, área o circunscripción territorial sufre algún tipo de catástrofe, la sociedad política como un todo acude en su apoyo y, entre otras cosas, contribuye a que honre sus obligaciones.
            Aunque se intente que esa medida no tenga consecuencias inflacionarias, sin duda que las tendrá. No pueden ser otras las consecuencias de una persistente expansión de la cantidad de dinero. Más aun, es necesario que esa medida tenga consecuencias inflacionarias, sobre todo en la Europa fuerte, y que el euro se deprecie mundialmente. En el momento actual la Europa sólida tienen salarios bajos y la Europa endeble los tiene altos. Es imposible esperar a que los sueldos de los países periféricos europeos bajen, para que así las empresas recuperen competitividad  y recomience el crecimiento.
            Cuando se ha incurrido en un gasto público y privado por encima de las posibilidades de un país y se ha generado una poderosa deuda, es imposible mantener la fortaleza de la moneda. Y al emitir moneda, en este caso euros, su valor se deprecia, ocurre una devaluación. No fue otra la experiencia de Inglaterra luego de la Primera Guerra Mundial. Jaqueada y semi destruida por el conflicto intentó  mantener la paridad oro-libra anterior a la Gran Guerra. La consecuencia fue sufrir durante más de un lustro las consecuencias de la deflación.
            Pero Alemania y otros países actualmente sólidos tienen razones poderosas para resistirse a la expansión monetaria en la Unión Europea. No se trata sólo de mostrar y hacer sentir su mayor seriedad en la conducción política y económica, sino de dejar en claro que las responsabilidades pasadas ocasionarán daños a toda la Unión Europea. El principal perjuicio es alejar la posibilidad de que el euro llegue a ser una moneda de reserva internacional y la pérdida del consiguiente beneficio económico y prestigio político que eso conlleva.

Publicado en El Observador. Montevideo, 4/10/2012

            Europa no es Estados Unidos. Cuando el año pasado los Estados Unidos perdieron la máxima calificación financiera (AAA – triple A) por la dimensión de su deuda soberana, Alan Greenspan apareció en un informativo de la NBC acompañado por el Presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca. Era claro que con sus declaraciones apoyaba a la administración actual y contestaba a las críticas a su gestión personal entre 1987 y el 2006. Estas críticas se centraban en que la crisis que vive el mundo desde el 2007 estaba generada por las políticas que impulsó desde la Reserva Federal durante casi 20 años.
En esa entrevista afirmó que el problema de la deuda soberana de Estados Unidos no existía  porque bastaba imprimir dólares. El verdadero problema –agregó - lo tiene Europa porque su moneda no tiene dueño. Sin duda que dice parte de la verdad pero revela  irresponsabilidad y una grosera declaración a favor  de un eventual uso ilegítimo del poder norteamericano. Sorprende que esas manifestaciones no hubieran tenido mayor repercusión internacional y el consiguiente rechazo público y oficial, por parte de gobiernos y organismos internacionales.
Las políticas monetarias expansivas del período de Greenspan contribuyeron no sólo a las burbujas inmobiliarias, sino a un exceso de gasto. Hubo períodos en que el ahorro de las familias americanas fue negativo y el ahorro total llegó a ser positivo por el ahorro de las empresas. Fue así que el déficit de cuenta corriente –exceso de compra de bienes y servicios en el exterior respecto a las exportaciones americanas- fue en aumento. Y ese gasto excesivo se pagaba con dólares y con títulos del gobierno americano. La afirmación del ex presidente de la Reserva Federal Americana sugiere que para pagar esos títulos se impriman más billetes de dólares.
Durante décadas los Estados Unidos han conseguido con su poderosa economía, su tecnología de avanzada, su insularidad continental  y su poderío militar, una preeminencia monetaria que ha llevado a que en todo el globo las personas y las empresas, las organizaciones y los gobiernos tengan billetes dólares, depósitos en dólares en los bancos o títulos del gobierno americano. Esto significa que el dólar es la moneda de reserva internacional por excelencia. Por tanto si –según las palabras de Greenspan- los Estados Unidos devalúan el dólar, emiten más dólares, serán los países que poseen reservas en dólares los que sufrirán las consecuencias. Sus reservas monetarias pasarán a valer menos. Estados Unidos soluciona así parte de sus problemas con una transferencia de riqueza desde los países emergentes, principales poseedores de reservas en dólares, hacia la principal economía del planeta.
Europa no lo puede hacer. Simplemente porque el euro es una moneda joven y no es retenida, conservada en el mundo, como moneda de reserva. Por ese motivo la asistencia monetaria del Banco Central Europeo comprando bonos a los países de la Unión Europea, lleva a una fuerte pérdida de valor del euro, tanto en su valor de compra interno como en relación a las demás monedas. No tiene Europa la posibilidad americana de conseguir que los países emergentes le solucionen sus problemas, porque estos países no tienen euros entre sus reservas.
Lo que Alemania quiere dejar en claro es su llamado a la responsabilidad en el futuro y a la búsqueda de las instituciones o cambios culturales que impliquen más seriedad cívica y política. El traspié de los últimos años aleja la posibilidad de que el euro llegue a ser una moneda de reserva internacional. El desafío para las próximas décadas será la capacidad del yuan para comenzar a competir con el dólar como moneda de reserva internacional.

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