Publicado en El Observador el 30 de marzo de 2013
El precio
del dólar paralelo en Argentina ha subido un 5% en la última semana y
naturalmente no nos llama la atención. Si se endurece el cepo cambiario huyen
los dólares y el precio de la divisa sube. Tanto más trepa cuanto más tratan de
impedir su salida. La importante empresa minera de origen brasileño Vale
informa que detendrá sus inversiones por deterioro del entorno argentino y
quienes no estaban suficientemente avisados comprenden que se va por mal
camino. Se reúnen los Ministros con la Presidente en forma urgente y crecen las
incertidumbres.
En esta misma semana el dólar subió
en Europa un 0,5% y en Brasil un 1,75% .
Como sube el dólar en Europa y Argentina, y sobre todo en Brasil –por su importancia para nosotros-, es
que llama la atención que el interbancario en nuestro país haya subido sólo un
0,5%. Se podría agregar que en parte tal suba no existió si tomamos en cuenta
que de los 28 millones de dólares operados el viernes en los mercados
mayoristas, 8 millones fueron comprados por el Banco Central.
Algunos operadores afirman que el
dólar finalmente no subió porque se esperaba una suba de la Tasa de Política
Monetaria desde 9,25 a 9,50%, lo que hubiera presionado el dólar a la baja. Lo
que sorprende es que el mercado considerara probable que la tasa de interés de
referencia volviera a subir. Tan acostumbrados estamos a curiosas decisiones de
política monetaria y de instrumentos antiinflacionarios que se apuesta a que
continuarán y hasta el viernes en que se profundizarían.
Hablemos primero de los sucesos de
la semana y su relación con la competitividad. Es claro el deterioro de nuestra
capacidad de venderle a la Argentina. ¿Qué podrá decir ahora el Ministro de Economía y Finanzas, Dr. Fernando
Lorenzo, si en septiembre del año pasado ante miembros de la Cámara Industrial
de Productos Envasados afirmó “Señores,
olvídense de la Argentina para exportar”?
No es bueno tampoco limitarse a los
análisis macroeconómicos para tratar nuestras relaciones con Argentina o solo
mencionar el turismo; es necesario aproximarse a los sectores y las regiones de
nuestro país. Pensemos en el litoral
junto al río Uruguay. Cada salto brusco
en el dólar en Argentina produce fuertes compras de comestibles, artículos de
limpieza, ropa, repuestos mecánicos y
combustible por parte de los uruguayos en las ciudades fronterizas argentinas.
Es lo lógico: los puentes se hicieron para unir países y los ríos han sido a lo
largo de la historia más vías de comunicación que de separación.
Sin duda las empresas que producen y
venden en esas zonas del litoral han sufrido una merma en sus ventas. Se ha
producido una caída en la demanda agregada del país. Es muy probable que el
intento conjunto del Ministerio de Economía y Finanzas del Banco Central de
mantener una alta tasa de interés para
contener la demanda agregada –sale más caro pedir un crédito- ya no sea
necesario. La suba del dólar en Argentina y su caída en nuestro país ha
provocado en los últimos tiempos la buscada
caída de demanda interna. No tenía necesidad el Banco Central de
actualizar informes estadísticos indicando el enlentecimiento de nuestra
economía, tal como lo afirma el comunicado del Copom del viernes pasado, para
decidir luego no seguir subiendo la tasa de interés.
Pero la tasa de referencia del 9,25%
es muy alta. En estas circunstancias de
dólar débil y peso fuerte en Uruguay ¿Es posible explicar la reiteración de la
política del Banco Central de mantener tan alta la tasa
de interés de referencia? El argumento oficial es detener las presiones
inflacionarias. Si la tasa de interés es alta los consumidores piden menos
créditos y compran menos bienes de consumo, duradero y no duradero. Si la tasa
de interés es alta el que tiene dinero en pesos puede decidir no consumir
bienes y servicios y ganar intereses comprando valores que ofrezcan intereses
atractivos. Hasta aquí los argumentos oficiales, aunque la experiencia muestra
que no ha sido una vía eficaz.
¿Por qué se sigue un camino
ineficaz? ¿Qué lo hace dañino? Mencionaremos primero la conclusión y luego
haremos el análisis: Se hace para bajar la inflación y como el gasto público
es tan alto, la única vía es mantener y
reforzar un dólar barato. A veces baja tanto que el Banco Central sale a
comprarlo y la cotización sube algunos centésimos. Como si el buque tuviera
varios timones.
Es dañino porque perjudica a todos
los exportadores. Ya en el año 2012 las exportaciones de manufacturas no
subieron. Es dañina porque aleja la posibilidad de que los exportadores
agreguen valor a sus ventas al exterior. Quizá su explicación esté en la
proximidad de las elecciones. Un dólar bajo asegura a corto plazo un salario
real alto aunque se hipoteque el futuro.
Es correcto afirmar que esa situación
de un tipo de cambio real bajo es inevitable porque entran muchas inversiones
extranjeras y hay importantes inversores en tierras que llegan a nuestras
costas. Ese exceso de dólares hace que el dólar se debilite en nuestro país. Es
también reflejo del ambiente amistoso que esos inversores encuentran en nuestro
país. Podríamos decir que es un dólar real bajo por razones estructurales.
Pero no es estructural el ritmo del
crecimiento del gasto público ni el consiguiente déficit fiscal. Según las
cifras oficiales el déficit en el 2012 fue superior a 1.000 millones de
dólares. Al menos una parte del gasto no
cubierto por impuestos se paga en pesos y para eso la Tesorería del Gobierno
–sea por el Banco Central, sea por el Banco de la República- debe conseguir
pesos entregando dólares. Aumenta así el circulante de pesos y una forma de
absorberlo es que el Banco Central lo recoja pagando altas tasas de interés. Es un costo
alto para el Banco Central pero es un recurso habitual dentro de la ‘pequeña
política’ para que el exceso de gasto público no genere tantos desequilibrios
macroeconómicos.
Por otro lado, como el país está muy
dolarizado – todos tenemos en el bolsillo y en los bancos, dólares y pesos- las altas tasas de interés
en pesos invitan a colocar en valores nominados en pesos, lo que comporta desprenderse
de una parte de los dólares, generando así una presión a la baja sobre esta
moneda. Esto ocurre porque hace ya 10 años que el dólar va perdiendo valor
frente al peso. Todos recordamos años
de 28 pesos el dólar, luego de 26 y 24, más tarde 22, luego 20 y ahora se ahoga
al sector exportador, sobre todo al agroindustrial, con un dólar que no llega a
19 pesos.
Las graves contradicciones de la
política económica argentina muestran ya serias consecuencias. El excesivo
gasto público en nuestro país nos está llevando a una política económica
contradictoria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario