martes, 2 de abril de 2013

El “blue” argentino y el Copom uruguayo


Publicado en El Observador el 30 de marzo de 2013

El precio del dólar paralelo en Argentina ha subido un 5% en la última semana y naturalmente no nos llama la atención. Si se endurece el cepo cambiario huyen los dólares y el precio de la divisa sube. Tanto más trepa cuanto más tratan de impedir su salida. La importante empresa minera de origen brasileño Vale informa que detendrá sus inversiones por deterioro del entorno argentino y quienes no estaban suficientemente avisados comprenden que se va por mal camino. Se reúnen los Ministros con la Presidente en forma urgente y crecen las incertidumbres.

            En esta misma semana el dólar subió en Europa un 0,5% y en Brasil  un 1,75% . Como sube el dólar en Europa y Argentina, y sobre todo en  Brasil –por su importancia para nosotros-, es que llama la atención que el interbancario en nuestro país haya subido sólo un 0,5%. Se podría agregar que en parte tal suba no existió si tomamos en cuenta que de los 28 millones de dólares operados el viernes en los mercados mayoristas, 8 millones fueron comprados por el Banco Central.
            Algunos operadores afirman que el dólar finalmente no subió porque se esperaba una suba de la Tasa de Política Monetaria desde 9,25 a 9,50%, lo que hubiera presionado el dólar a la baja. Lo que sorprende es que el mercado considerara probable que la tasa de interés de referencia volviera a subir. Tan acostumbrados estamos a curiosas decisiones de política monetaria y de instrumentos antiinflacionarios que se apuesta a que continuarán y hasta el viernes en que se profundizarían.
            Hablemos primero de los sucesos de la semana y su relación con la competitividad. Es claro el deterioro de nuestra capacidad de venderle a la Argentina. ¿Qué podrá decir ahora el  Ministro de Economía y Finanzas, Dr. Fernando Lorenzo, si en septiembre del año pasado ante miembros de la Cámara Industrial de Productos Envasados afirmó  “Señores, olvídense de la Argentina para exportar”?
            No es bueno tampoco limitarse a los análisis macroeconómicos para tratar nuestras relaciones con Argentina o solo mencionar el turismo; es necesario aproximarse a los sectores y las regiones de nuestro  país. Pensemos en el litoral junto al río Uruguay.  Cada salto brusco en el dólar en Argentina produce fuertes compras de comestibles, artículos de limpieza, ropa, repuestos mecánicos  y combustible por parte de los uruguayos en las ciudades fronterizas argentinas. Es lo lógico: los puentes se hicieron para unir países y los ríos han sido a lo largo de la historia más vías de comunicación que de separación.
            Sin duda las empresas que producen y venden en esas zonas del litoral han sufrido una merma en sus ventas. Se ha producido una caída en la demanda agregada del país. Es muy probable que el intento conjunto del Ministerio de Economía y Finanzas del Banco Central de mantener una alta  tasa de interés para contener la demanda agregada –sale más caro pedir un crédito- ya no sea necesario. La suba del dólar en Argentina y su caída en nuestro país ha provocado en los últimos tiempos la buscada  caída de demanda interna. No tenía necesidad el Banco Central de actualizar informes estadísticos indicando el enlentecimiento de nuestra economía, tal como lo afirma el comunicado del Copom del viernes pasado, para decidir luego no seguir subiendo la tasa de interés.
            Pero la tasa de referencia del 9,25% es muy alta. En estas circunstancias  de dólar débil y peso fuerte en Uruguay ¿Es posible explicar la reiteración de la política del Banco Central de mantener tan alta  la  tasa de interés de referencia? El argumento oficial es detener las presiones inflacionarias. Si la tasa de interés es alta los consumidores piden menos créditos y compran menos bienes de consumo, duradero y no duradero. Si la tasa de interés es alta el que tiene dinero en pesos puede decidir no consumir bienes y servicios y ganar intereses comprando valores que ofrezcan intereses atractivos. Hasta aquí los argumentos oficiales, aunque la experiencia muestra que no ha sido una vía  eficaz.
            ¿Por qué se sigue un camino ineficaz? ¿Qué lo hace dañino? Mencionaremos primero la conclusión y luego haremos el análisis: Se hace para bajar la inflación y como el gasto público es  tan alto, la única vía es mantener y reforzar un dólar barato. A veces baja tanto que el Banco Central sale a comprarlo y la cotización sube algunos centésimos. Como si el buque tuviera varios timones.
            Es dañino porque perjudica a todos los exportadores. Ya en el año 2012 las exportaciones de manufacturas no subieron. Es dañina porque aleja la posibilidad de que los exportadores agreguen valor a sus ventas al exterior. Quizá su explicación esté en la proximidad de las elecciones. Un dólar bajo asegura a corto plazo un salario real alto aunque se hipoteque el futuro.
            Es correcto afirmar que esa situación de un tipo de cambio real bajo es inevitable porque entran muchas inversiones extranjeras y hay importantes inversores en tierras que llegan a nuestras costas. Ese exceso de dólares hace que el dólar se debilite en nuestro país. Es también reflejo del ambiente amistoso que esos inversores encuentran en nuestro país. Podríamos decir que es un dólar real bajo por razones estructurales.
            Pero no es estructural el ritmo del crecimiento del gasto público ni el consiguiente déficit fiscal. Según las cifras oficiales el déficit en el 2012 fue superior a 1.000 millones de dólares. Al menos  una parte del gasto no cubierto por impuestos se paga en pesos y para eso la Tesorería del Gobierno –sea por el Banco Central, sea por el Banco de la República- debe conseguir pesos entregando dólares. Aumenta así el circulante de pesos y una forma de absorberlo es que el Banco Central lo recoja  pagando altas tasas de interés. Es un costo alto para el Banco Central pero es un recurso habitual dentro de la ‘pequeña política’ para que el exceso de gasto público no genere tantos desequilibrios macroeconómicos.
            Por otro lado, como el país está muy dolarizado – todos tenemos en el bolsillo y en los bancos,  dólares y pesos- las altas tasas de interés en pesos invitan a colocar en valores nominados en pesos, lo que comporta desprenderse de una parte de los dólares, generando así una presión a la baja sobre esta moneda. Esto ocurre porque hace ya 10 años que el dólar va perdiendo valor frente al peso. Todos   recordamos años de 28 pesos el dólar, luego de 26 y 24, más tarde 22, luego 20 y ahora se ahoga al sector exportador, sobre todo al agroindustrial, con un dólar que no llega a 19 pesos.
            Las graves contradicciones de la política económica argentina muestran ya serias consecuencias. El excesivo gasto público en nuestro país nos está llevando a una política económica contradictoria.

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