Publicado en el Observador el sábado 27 de abril de 2013
Días atrás, el
Vicepresidente de la Federación rural, Carlos María Uriarte, se refería en el
diario El Observador al recelo con que es vista la afirmación de que lo que
pasa en el país está muy vinculado a lo que esté sucediendo en el campo. Y
sugería que tal recelo podría estar fundado en las cifras de las cuentas
nacionales de las que informa el Banco Central, que indican que el producto
bruto agropecuario es el 8% del producto total del país.
Cuando se analiza el fantástico
crecimiento de las exportaciones del país en los últimos años es insoslayable mencionar
la carne vacuna, la soja, la forestación y la celulosa, los productos lácteos.
Y no es fácil entender que el sector agropecuario sea sólo el 8% de la
producción total. No hay ninguna duda de que la metodología estadística
aplicada por el Banco Central resiste todas las críticas, pero cabe plantearse
la necesidad de efectuar estadísticas
complementarias.
En ese sentido fueron muy
interesantes los comentarios de Carlos María Uriarte acerca de estudios que
indicarían que por cada dólar que produce el agro, se producen entre 5 y 7
dólares en las cadenas que sus productos alimentan. Sería de mucho interés
hacer públicos esos estudios para iniciar un debate que podría tener muchas
consecuencias de política económica, social y territorial, dando pie a un
empuje hacia una mayor descentralización del país.
Si el agro significa un 8% y por
cada dólar del campo surgen entre 5 y 7
dólares en las cadenas que sus productos alimentan, se podría plantear la
hipótesis de que la importancia del agro para la economía del país –según esa
medida - está entre un 40% y un 56%. Este número se acerca más a la “sensación térmica”
de que lo que mueve al país es el campo, junto a la construcción y el turismo,
con su epicentro en Punta del Este.
------------------------------
Aunque los estudios del Banco
Central sean metodológicamente correctos, algo no cierra cuando se afirma que
el producto del agro gira en torno al 8% de la producción total. Caben varias
consideraciones de las que mencionaremos hoy una, por cierto relevante.
Lo que produce el campo es comprado
por más de 100 países, cuyos consumidores o comerciantes están buscando una
buena ecuación precio-calidad. Los precios de venta de los productos uruguayos reflejan lo que todos
los habitantes del planeta con capacidad de compra están dispuestos a pagar
para consumirlos. En cambio, se torna difícil estimar el valor de los servicios
estatales uruguayos que se financian
compulsivamente con impuestos: ¿cuánto valen? No hay más remedio –para que las
cuentas nacionales cierren- que valorar cada servicio que presta el Estado por la suma
de los sueldos pagados en cada repartición más algunos materiales y uso de inmuebles.
Así ocurre con la educación pública, salud pública, con la seguridad, con la
administración central, con las intendencias y demás organismos del Estado.
Pensemos en la salud pública: medicamentos, materiales, salarios de médicos,
nurses, enfermeros, medicamentos,
porteros, desgaste y combustible de las ambulancias, deterioro de los
edificios, deterioro de los equipos médicos, gestión central y un largo
etcétera. Si nos detenemos a pensar un momento en todos los servicios que
brinda el estado surge ya una luz sobre la significación del 8% que aporta el
agro.
Sin duda que no hay más remedio que
cobrar impuestos para muchos de esos servicios, ya que no es posible que voluntariamente
los ciudadanos aporten para financiarlos. Pero cabe preguntarnos por la
eficiencia de esos servicios, evaluar si están muy caros, esto es, si se pagan
muchos impuestos para proveerlos. En esa línea días atrás el empresario
argentino Gustavo Grobocopatel afirmaba en Búsqueda que si bien “la carga
impositiva medida en porcentaje del Producto Bruto Interno es baja” “nuestro
gran tema de debate es la calidad del Estado”. Y es obligado pensar en las
rutas y caminos, en los precios de los combustibles, en la formación técnica,
en los puertos, en los trámites,…
------------------------------
Una manera de evaluar la calidad de
los servicios del Estado y acercarnos a la importancia real del campo en el
país es calcular la producción total de bienes y servicios de un país a precios
de otro país. Un ejemplo es la tarea hecha por funcionarios del Fondo Monetario
Internacional que han estudiado el PBI de China a precios de Estados Unidos, de
lo que han concluido que la producción total de China es mayor que la informada
habitualmente. Se trata de aplicar la metodología denominada “paridad de
poderes adquisitivos”.
Las cuentas nacionales de Uruguay
fueron confeccionadas inicialmente en
los primeros años de la década del 60, bajo el impulso de la CIDE, la que en un
muy elogiable esfuerzo hizo estimaciones hacia atrás, hasta 1937. La
metodología a nivel mundial se desarrolló y extendió luego de la segunda guerra
mundial. Pero el problema de cuán comparables son los precios de los servicios
de un país a otro ha sido una inquietud siempre presente, incluso en nuestro
país.
En 1930, Martínez Lamas, en su libro
“Riqueza y pobreza del Uruguay” comenzó a hacer estimaciones de la producción
total del país con el fin de evaluar lo que él denominaba la “bomba de
succión”, expresión con la que se refería a la absorción de recursos que la
ciudad efectuaba al campo, a través sobre todo del sistema impositivo. Contando solamente con los
medios de su esfuerzo y búsqueda personal –no tenía estudios académicos y se
ganaba la vida como funcionario aduanero, lo que precisamente le hizo ver que
lo que realmente valía en el país eran los productos del campo - intentó
comparar los precios de los servicios públicos en Uruguay con los de Argentina,
llegando a la conclusión de que eran más caros en Uruguay.
Estos estudios son una tarea
pendiente en los que las gremiales agropecuarias pueden aportar sugerencias al
Banco Central del Uruguay.
No hay comentarios:
Publicar un comentario