jueves, 2 de mayo de 2013

¿Cuánto aporta el campo?


Publicado en el Observador el sábado 27 de abril de 2013

Días atrás, el Vicepresidente de la Federación rural, Carlos María Uriarte, se refería en el diario El Observador al recelo con que es vista la afirmación de que lo que pasa en el país está muy vinculado a lo que esté sucediendo en el campo. Y sugería que tal recelo podría estar fundado en las cifras de las cuentas nacionales de las que informa el Banco Central, que indican que el producto bruto agropecuario es el 8% del producto total del país.

            Cuando se analiza el fantástico crecimiento de las exportaciones del país en los últimos años es insoslayable mencionar la carne vacuna, la soja, la forestación y la celulosa, los productos lácteos. Y no es fácil entender que el sector agropecuario sea sólo el 8% de la producción total. No hay ninguna duda de que la metodología estadística aplicada por el Banco Central resiste todas las críticas, pero cabe plantearse la necesidad de efectuar  estadísticas complementarias.
            En ese sentido fueron muy interesantes los comentarios de Carlos María Uriarte acerca de estudios que indicarían que por cada dólar que produce el agro, se producen entre 5 y 7 dólares en las cadenas que sus productos alimentan. Sería de mucho interés hacer públicos esos estudios para iniciar un debate que podría tener muchas consecuencias de política económica, social y territorial, dando pie a un empuje hacia una mayor descentralización del país.
            Si el agro significa un 8% y por cada dólar del campo surgen entre  5 y 7 dólares en las cadenas que sus productos alimentan, se podría plantear la hipótesis de que la importancia del agro para la economía del país –según esa medida - está entre un 40% y un 56%. Este número se acerca más a la “sensación térmica” de que lo que mueve al país es el campo, junto a la construcción y el turismo, con su epicentro en Punta del Este.
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            Aunque los estudios del Banco Central sean metodológicamente correctos, algo no cierra cuando se afirma que el producto del agro gira en torno al 8% de la producción total. Caben varias consideraciones de las que mencionaremos hoy una, por cierto relevante.
            Lo que produce el campo es comprado por más de 100 países, cuyos consumidores o comerciantes están buscando una buena ecuación precio-calidad. Los precios de venta de  los productos uruguayos reflejan lo que todos los habitantes del planeta con capacidad de compra están dispuestos a pagar para consumirlos. En cambio, se torna difícil estimar el valor de los servicios estatales  uruguayos que se financian compulsivamente con impuestos: ¿cuánto valen? No hay más remedio –para que las cuentas nacionales cierren- que valorar  cada servicio que presta el Estado por la suma de los sueldos pagados en cada repartición más algunos materiales y uso de inmuebles. Así ocurre con la educación pública, salud pública, con la seguridad, con la administración central, con las intendencias y demás organismos del Estado. Pensemos en la salud pública: medicamentos, materiales, salarios de médicos, nurses, enfermeros,  medicamentos, porteros, desgaste y combustible de las ambulancias, deterioro de los edificios, deterioro de los equipos médicos, gestión central y un largo etcétera. Si nos detenemos a pensar un momento en todos los servicios que brinda el estado surge ya una luz sobre la significación del 8% que aporta el agro.
            Sin duda que no hay más remedio que cobrar impuestos para muchos de esos servicios, ya que no es posible que voluntariamente los ciudadanos aporten para financiarlos. Pero cabe preguntarnos por la eficiencia de esos servicios, evaluar si están muy caros, esto es, si se pagan muchos impuestos para proveerlos. En esa línea días atrás el empresario argentino Gustavo Grobocopatel afirmaba en Búsqueda que si bien “la carga impositiva medida en porcentaje del Producto Bruto Interno es baja” “nuestro gran tema de debate es la calidad del Estado”. Y es obligado pensar en las rutas y caminos, en los precios de los combustibles, en la formación técnica, en los puertos, en los trámites,…
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            Una manera de evaluar la calidad de los servicios del Estado y acercarnos a la importancia real del campo en el país es calcular la producción total de bienes y servicios de un país a precios de otro país. Un ejemplo es la tarea hecha por funcionarios del Fondo Monetario Internacional que han estudiado el PBI de China a precios de Estados Unidos, de lo que han concluido que la producción total de China es mayor que la informada habitualmente. Se trata de aplicar la metodología denominada “paridad de poderes adquisitivos”.
            Las cuentas nacionales de Uruguay fueron confeccionadas inicialmente  en los primeros años de la década del 60, bajo el impulso de la CIDE, la que en un muy elogiable esfuerzo hizo estimaciones hacia atrás, hasta 1937. La metodología a nivel mundial se desarrolló y extendió luego de la segunda guerra mundial. Pero el problema de cuán comparables son los precios de los servicios de un país a otro ha sido una inquietud siempre presente, incluso en nuestro país.
            En 1930, Martínez Lamas, en su libro “Riqueza y pobreza del Uruguay” comenzó a hacer estimaciones de la producción total del país con el fin de evaluar lo que él denominaba la “bomba de succión”, expresión con la que se refería a la absorción de recursos que la ciudad efectuaba al campo, a través sobre todo del  sistema impositivo. Contando solamente con los medios de su esfuerzo y búsqueda personal –no tenía estudios académicos y se ganaba la vida como funcionario aduanero, lo que precisamente le hizo ver que lo que realmente valía en el país eran los productos del campo - intentó comparar los precios de los servicios públicos en Uruguay con los de Argentina, llegando a la conclusión de que eran más caros en Uruguay.
            Estos estudios son una tarea pendiente en los que las gremiales agropecuarias pueden aportar sugerencias al Banco Central del Uruguay.
                                       

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